domingo, 24 de junio de 2018


Continuación de: Vocación de una Reyna.


LA CRUZ Y EL DOLOR
Pero la cruz en el dolor o dolor en la cruz, son igualmente grandes donde el Señor y sirven de antesala a las grandes misiones de las almas.
A la vocación, hay que amarla, hay que darle calor y alegría para que crezca, se alimente y se realice.
Isabel la Católica nació y vivió contemplando a España su Patria, luchando contra los moros hasta llegar ella misma a tomar las armas. Fue testigo de guerras dolorosas dentro de su propia Patria, motivadas por el poder y la soberbia. Siendo aún muy niña, muere su padre; cuando más necesitaba el cariño de su madre, la arranca Enrique IV de sus brazos solo por interés y conveniencia; pierde, aquí en la tierra, a su amado Hermano Alfonso, Heredero de la Corona. Estas tribulaciones la previenen para otras grandes cruces que habrá de afrontar en el camino de su gran vocación.
Toda vocación tiene su propia cruz. Y para llegar al fin hay que beber el cáliz que ya antes Cristo bebió:
La Cruz eleva las almas por encima de toda vulgaridad espiritual, de toda mediocridad; La Cruz nos hace ver la vanidad de la vida y nos mueve al heroísmo. La Cruz purifica, ennoblece. Cuando más grande es la cruz y la recibe el alma, alcanza mayor sublimidad.
Advirtiendo que la Cruz grande o pequeña, asidua o aislada, no es fin, sino punto de partida.
La Cruz es un medio desconcertante, si queremos llegar a Dios.
Dios de la Cruz a la medida del alma y de su vocación.
Los caminos hermosos no llegan lejos: son las espinas del sendero las que con su punzante invitación al heroísmo nos vuelve sabios, creyentes, humanos, comprensivos, delicados y humildes.
Esto la reIna Isabel lo entendió y lo hizo hasta identificarse con el dolor y la renuncia, no solo en una mediana resignación, sino en la aceptación plena, identificando su voluntad con la de Dios: “terribles” desgracias de familia laceraron su corazón: En 1496 perdió a su madre, al año siguiente a su único hijo varón en quien se cifraban las esperanzas de la Monarquia. El 23 de agosto de 1498 su hija Isabel Reina de Portugal Heredera de la Corona de Castilla, lo cual sumió a la Reina en profunda tristeza. Sin embargo; Isabel, ante los consuelos ofrecidos se concretaba a decir: “Dios me lo dio, Dios me lo quitó, sea su Nombre Bendito”. La enfermedad el Rey, la muerte de su nieto Miguel y como si fuera poco los disgustos conyugales de su hija Juana, le infirieron mucho dolor.
Jesucristo, Dios y Hombre Verdadero, nos enseño el camino de la Cruz, llevando la Cruz a cuestas hacia el monte Calvario. No entendemos el dolor de Cristo, pero si lo vemos y le damos crédito, afirmando que el sendero del cristiano es a través de la Cruz y en la medida de la vocación encontramos la medida de la Cruz: “No hay dolor semejante a mi dolor” dice Jeremías (8:18) y aplicamos estas palabras a la Virgen María, cuya vocación de Madre de Dios y Corredentora del hombre no tiene igual.
¡Qué decir de la Santa Madre Iglesia en perpetua ofrenda de Cruz, no solo por la perene pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo mediante el Sacrificio de la Misa, sino por tantas persecuciones!. La Iglesia se ha desarrollado y crecido entre martirios, calumnias y dolores.
Asimismo, Isabel la Católica, enfrentó la Cruz: fue un alma envuelta en dolor, aceptándolo a ciencia y conciencia en pos del ideal.
Fue una vida inundada de grandes cruces, no siempre la vocación es clara para la persona, por lo cuál tuvo que ir alerta, siguiendo la guía del Señor y si ahora mismo pudiera en el Cielo sufrir, derramaría lágrimas de sangre, no por la ingratitud, no por el desprecio, no por la infame traición y calumnia; sino al contemplar a sus amados hijos náufragos con la Identidad perdida hasta llegar otra vez, con malicia, a la obscuridad del neo-paganismo.

Continuará: SU LABOR EN ESPAÑA.

domingo, 3 de junio de 2018

Continuación de: Vocación de una Reyna.



PREPARACIÓN DE ISABEL PARA REALIZAR SU VOCACIÓN
Dios infinitamente justo, da a las almas todos los medios para que realicen su llamado y prepara, desde la eternidad, el camino y condiciones de cada vocación: a las almas grandes, decimos grandes, no por su tamaño, sino por su vocación; ya que les pide resoluciones firmes e inmediatas, esfuerzos, sacrificios, nada comunes, renuncias, etcétera, las asiste de manera especial.
Isabel la Santa es un alma grande, repetimos que no por el tamaño, pues las almas, por ser inmateriales, no tienen cantidad, y aunque esencialmente toda alma es espiritual, libre e inmortal y posee sus propias facultades, Dios, según la misión que les ha de dar, les regala los dones y gracias necesarias para el cumplimiento de la misión.
La reina es concebida en el seno de su madre profundamente cristiana, donde empieza a recibir la influencia de la fe y de las virtudes; llega al mundo en lugar místico por su paisaje, cuyo nombre es sugestivo y encantador, “Madrigal de las Altas Torres” nombre que obedece a las cien torres que coronaban la muralla que las circundaba. Nace un 22 de abril de 1451, iluminando el horizonte e España y América, entonces no conocida por Europa. El nacimiento de aquella Luminaria extinguirá la oscuridad del error, no solo en España y Europa, sino en otro Continente que será iluminado con el resplandor de la justicia y la Fe.
Su padre Juan II Rey de Castilla, descendiente de Fernando III El Santo y de Alfonso X El Sabio, su madre Isabel de Portugal por cuyas venas corría sangre de dos Santas: Isabel Infanta de Aragón e Isabel Reina de Hungría.
Ha enriquecido el Señor a Isabel de muchas gracias, colocándola en un ambiente de gran piedad, de lucha y de entrega. Su madre una gran cristiana ejemplar, ocupada siempre de sus dos pequeños, ordena que estudien antes que nada, Doctrina Cristiana, Historia, Geografía, Música, Poesía; por ser mujer, le agregaba el aprendizaje de hilar y bordar.
Pero también en la propia persona de Isabel, Dios que la ha elegido, la regala de gracias naturales que después, con la ayuda de la Gracia del Espíritu Santo y de su propio esfuerzo, habrá de elevar al orden sobrenatural. La Santa de Castilla no es sólo una mujer de brillante inteligencia; estaba dotada de una gran personalidad: es profunda, abierta, en el buen sentido de la palabra, justa, no justiciera; comprensiva, capaz de volver atrás si descubre en ella alguna equivocación. Es muy sensible y tierna.
De su caracterología podemos afirmar que poseía el más rico de los caracteres. Siendo el Tratado de Luigi Rosseti, la clasificaremos en el Carácter Apasionado con sus propios matices personales y haremos su estudio bajo los lineamientos siguientes:
Ante todo, no entendemos por carácter apasionado el carácter irreflexivo, ciego e instintivo, no: este carácter, repito, con sus propias peculiaridades nos da por resultado una creatura humana de entrega sin medida, consiente, responsable, dispuesta a todo dentro de lo justo y lícito, siempre viendo a Dios y a su Divina Voluntad.
Ya nos dice Grieguer: “se dice apasionado y no pasional porque el Emotivo, Activo, Secundario no se deja dominar por la pasión sino que, al contrario, sustituyen las pasiones por una acentuada aplicación que se convierte en pasión y en el alma de su vida”. Eso lo contemplamos en toda su existencia e incluso desde su niñez.
Por ser Emotiva, lo sentía todo profundamente, el ideal siempre lo relacionaba con el prójimo. Estaba suficientemente capacitada para organizar todas sus actividades. Ella se enriquecía en su interior con las aspiraciones de los demás, buscando por su cuenta colaboración y simpatía.
Por ser Secundaria, nunca olvidaba el pasado, aprovechaba la experiencia orientándola siempre al porvenir, eso le abrió amplios horizontes y le confirió una admirable estimación de miras.
Por ser Emotiva, Activa y Secundaria, la fuerza le llegaba de la secundariedad. Poseía una actividad continua, realizadora; estaba dotada de una comprensión inteligente para cualquier tipo de problemas, era educada, sencilla en sus maneras e indiferente a los placeres de los sentidos, no fue inflexible en su manera de pensar y de obrar, no se encasillaba en su ego, amó con preferencia la vida sencilla, su inteligencia era brillantísima, excepcional, no solo para el aprendizaje de todas las Ciencias, sino para la misma aplicación e incluso para su Gobierno. Esto lo podemos comprobar en todas las acciones de su vida. Ese riquísimo carácter que poseía le daba la decisión, la energía, el proponerse un fin y alcanzarlo infaliblemente, pues ella era capaz de superar cualquier obstáculo que se le presentaba: era rápida y organizada por naturaleza y había nacido para mandar.
Naturalmente comprendida y sentía la necesidad del ideal religioso, le apasionaron siempre los problemas espirituales, poseía la piedad y caridad cristiana.
La Reina encarna maravillosamente en el Carácter Apasionado, que es donde encontramos las mejores disposiciones para aceptar y ser consecuente con los principios que se impone, este carácter no es para una religión teórica o basada simplemente en el sentimiento, sino en esfuerzo continuo y experimenta muy clara la necesidad de un contacto íntimo y vivo con Dios. En la oración, el sujeto se pone enteramente a disposición de Dios, para trabajar por su Reino; ama la meditación, se inclina a la contemplación pues lleva innato el sentido de la grandeza de Dios.
Todo esto y mucho más es aplicable a la Reina de Castilla; el apasionado sabe orientar sus acciones y su misma vida al servicio de Dios, toma con madurez los consejos y orientaciones que le dan y sufre profundamente el peso de los grandes problemas religiosos, es generoso y sobrio en lo que se refiere a los placeres de los sentidos y eso le facilita el progreso en el camino a la ascética. Todo esto, leyendo la vida de la Santa, nos cerciora de identidad con esta Caracterología.
En cuanto a la Castidad ella cumple las prioridades de esta clasificación, pues dentro de su estado conyugal guardó la pureza del matrimonio.
Este carácter, como todos, tiene sus limitaciones, sus defectos… sin embargo es considerado superior, porque entre tanta cualidad y virtud, son pocos los defectos.
Es un carácter privilegiado que generalmente concede Dios a las almas llamadas a grandes obras. Tuvo, indudablemente que haber luchado contra sus grandes defectos, y eso la enaltece, no la rebaja. En su vida exterior, en el trato con los súbditos o iguales, brillan sus virtudes: la justicia, que siempre imparte lo debido a cada quien; la prudencia, madre de todas las virtudes, que es la que equilibra toda acción, palabra o decisión del hombre.
Es solo su Caracterología, pero ella supo elevarlo todo a insospechadas alturas por la vida de la Gracia. Lo dado por Dios a su naturaleza, la condujo hacia la cúspide por la oración continua, por un familiar trato con Dios, por su entrega total, por una aceptación del sufrimiento hasta el culmen de la Cruz.
Y así podemos contemplar en su vida una brillante personalidad, y con ella las grandes Virtudes Teologales: La Fe, La Esperanza y La Caridad.

Continuará: LA CRUZ Y EL DOLOR.   

domingo, 27 de mayo de 2018

Continuación de: Vocación de una Reyna


¿CUÁL FUE, ENTONCES LA VOCACIÓN DE ISABEL LA CATÓLICA?
Isabel fundamentó su vocación de estado, el matrimonio, así como su vocación personal que consistió en el llamado grandioso “del descubrimiento, la conquista y Evangelización de América”, en su Vocación Universal y esta será, el fuego que mueva su vida eterna.
Cada uno de los actos de la Reyna fueron engarzados, jamás desunidos del punto primordial, que constituyo para ella la Vocación Universal: La Santidad.
Y si consideramos a la Reyna extraordinaria, es, no solo por la riqueza de dones que recibió de Dios y su correspondencia, sino por es fuerza que poseía y que emanaba de lo sobrenatural. Si ella no hubiera seguido su camino de Santidad, no hubiéramos visto realizarse el triunfo de Dios en América. Su alma y todo su ser vivió pendiente del prójimo, de su patria; pero no únicamente a nivel natural, sino trascendiendo, elevándose para elevarlos a todos y lograr el conocimiento del único y verdadero Dios.
En cuanto a su vocación de estado, es verdaderamente ejemplar la manera en que elige a su consorte: Alfonso Rey de Portugal, el Duque de Berri y Fernando de Aragón, entre otros, pretenden a Isabel. Ella prefiere a su primo Fernando de Aragón, pero no se precipita y antes de decidir, se pone en oración y manda investigar a los candidatos para descubrir cuál ha de ser, según Dios el verdadero compañero de vida y de sus obras. Y sin pensar en ningún momento en sí misma, sino en el bien de España, se decide, ya considerada la conducta de los tres, por Fernando de Aragón mirando en su momento hacia el futuro: la unión de un sólo Reino, el logro de una Patria Unida.
No se le ve apasionada o inquieta, y no porque fuera una fría mujer, sino porque siendo una joven de oración y virtud, espera que a través del Arzobispo de Toledo, pueda escuchar el Mandato Divino: así se realiza el matrimonio de Isabel con Fernando el 19 de octubre de 1569 en el Palacio que Juan de Vivero poseía en Valladolid. No cabe duda que este matrimonio fue uniendo a España. Con esto Isabel la Santa, nos da muestra de su gran prudencia y perspicacia política y ante todo, sabe actuar en el momento mirando la Gloria de Dios y el bien de las almas. El tiempo y la historia le han dado la razón a Isabel; ya que fue un matrimonio unido para el bien: Fernando no sólo fue apoyo y confidente, sino que respetó en plenitud el camino de Isabel, viviendo su propio camino.
Sin embargo la Reyna Isabel no solo es la conquistadora, andariega y gobernante; es la mujer de su hogar, todo en orden, en paz, nunca se puso el Rey ninguna prenda, que ella no hubiera hilado y cosido. En cuanto al Cuarto Mandamiento como madre, fue ejemplar: a sus cinco hijos los educa en el Amor de Dios, llevando para ellos profesores de Religión, filosofía, historia y humanidades. Suele incluso presidir las lecciones.
Pero su cuidado no se limitaba a los suyos, se extendía a sus doncellas y criados, enseñándoles a vivir las buenas costumbres de las que ella era maestra.
Sin olvidar, que a pesar de que sus biógrafos la consideran, en dotes naturales superior a las de Fernando, ella fue siempre una esposa obediente, dócil, que en todo consultaba a su esposo. Es justo decir algo del Rey Fernando: hombre cristiano, inteligente, de gran valentía y que supo aconsejar y dar apoyo a las empresas de la Reina. Inolvidables son las frases del Rey Fernando  al referirse al Reino de Granada: “yo sabré arrancar los granos uno a uno de esa granada”. Igualmente ofrece el Tesoro de Aragón, si necesario hubiere sido, para el Descubrimiento del Nuevo Mundo.
Volvemos a la Reyna: su vocación personal la encontramos en el Descubrimiento y Evangelización del Nuevo Continente, cualquiera dirá que ella no llegó al Nuevo Mundo, es verdad, pero en los altos juicios de Dios es claro que sin ella, los otros grandes hombres: Colón, Cortés, etcétera, no hubieran logrado lo que el Señor había encargado a Isabel.
Tomando en cuenta que aunque ella no llegó físicamente al Continente, sí trabajó con ardor por esa llegada y por esa Evangelización. Amó entrañablemente a esta nueva raza y por sus sacrificios, Dios en sus misterios dio el triunfo al Nuevo Continente.

Continuará: PREPARACIÓN DE ISABEL PARA REALIZAR SU VOCACIÓN.

domingo, 13 de mayo de 2018


Continuación de: Vocación de una Reyna


VOCACIÓN PERSONAL
Sobre estas tres columnas vocacionales, a las cuales podríamos llamar principios o fundamento, hallamos la vocación personal. ¡El Espíritu Santo se luce en las almas, dándoles, no digo matices, sino gigantescas llamas que asombran al mundo en su infinita variedad!.
La creación es hermosa por su variedad en la unidad de la cual resulta la armonía. La igualdad no enriquece, es monótona y nada creativa, así que el Eterno Padre a quién se le atribuye la creación, nos mantiene asombrados ante la belleza y misterio de su OBRA CREADORA.

El Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, de quien reconocemos recibir los medios y el estímulo hacia nuestra santificación, nos arrebata al éxtasis cuando contemplamos en nuestros hermanos la variedad infinita de caminos, de facetas y dones que les otorga para la consecuencia del Fin. Este conjunto de dones que regala a cada persona, son los medios y señales para la realización de su vocación personal.
La Vocación Universal y la Vocación de Estado han de conjugarse con la vocación personal, con la cual, cada hombre vivirá en la sociedad, en la Iglesia, en el mundo su especifica vocación, no de manera aislada sino en Preciosa Comunión con sus hermanos, y así lograr todos la Vocación Universal.
Leemos a través de la Historia a un San Agustín, a un Santo Domingo, los dos religiosos, los dos fundadores, trabajando por el logro de la distinta encomienda personal que Dios ha dado a cada quien. Santa Rita de Casia y Santa Eduviges, las dos casadas, las dos viviendo el mismo Evangelio, pero dentro de su estado matrimonial, en ambas aparece la luz brillante de la Vocación personal.
A los estudios, los oficios, los empleados y demás, podríamos llamar vocaciones relativas, es decir, que favorecen a la vocación universal, de estado y personal: también podemos considerarlas como medios, apoyos, pero no son absolutamente necesarias, si no entran en el plan de la vocación personal del sujeto.
Importante es la vocación para el hombre en sí, como para su relación con la Iglesia, con la familia, con la sociedad, con el mundo y sobre todo con el mismo Dios.
Dios todo lo ordena con transparente y necesaria intensión y siempre con una finalidad: no pierde el tiempo, elige, acomoda, enseña e invita según los planes de su sabiduría Infinita.
A pesar del Pecado Original y de la concupiscencia del hombre, la armonía de la creación se realizaría si cada uno viviera, con rectitud y a la luz de la gracia, su propia vocación.

GRANDES VOCACIONES
Cristo, Dios Y Hombre Verdadero, quien siendo Dios es Hombre y siendo Hombre es Dios por la Unión Hipostática, misteriosamente tuvo su propia vocación en cuanto Hombre, la cual llevó hasta el fin con su absoluta determinación de DIOS-HOMBRE. La más sublime y trascendente de las vocaciones de manera infinita es: la REDENCIÓN del género humano por el camino de la cruz: sin el cumplimiento de esta expectante y misteriosa vocación, no hubiera sido posible que el hombre conociera, aceptara y llevara al éxito el llamado de Dios.
Y esto lo comprendió perfectamente la Virgen María, como Madre de Dios y de los hombres corredentora con Cristo, pues si no clavad en la Cruz, si al pie de la Cruz.
La más grande y sublime vocación de entre toda creatura corresponde a la Santísima Virgen. Después de ella, Reyna de los Cielos y de la Tierra, contemplamos a San José, en su excelsa vocación de Padre Putativo de Jesús.
San Pedro, Primer Papa, cuyo llamado se encuentra en la Revelación Divina y a quien Cristo primero invita a ser discípulo: “ tú eres Simón el hijo de Juan; tú te llamaras Cefas (que significa Pedro o Piedra)” (Juan 1-42).
Posteriormente, el mismo Cristo le profetiza el papado “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo 16-18).
Enseguida, en aquella Santa e inolvidable Cena Pascual, cuando Cristo instituye la Eucaristía y el Sacerdocio Católico, Pedro es ordenado Sacerdote, en unión con los demás Apóstoles: “Haced esto en memoria mía” (Luc.22-19 y 20, 1 Cor. X 24-25).
Y finalmente después de la Pasión y Muerte de Cristo, Él lo confirma como Papa en aquel bellísimo dialogo sobre el amor de todo un Dios en su creatura: “¿me amas Pedro?”. “Señor, Tú sabes que te amo” (Juan 21-15-18).
Notemos, cómo para llegar al termino de la verdadera vocación, hay que dejar que Dios nos haya conducido.
No quiero pasar por alto la gran vocación de Aristóteles, quien aún siendo pagano, con la Asistencia Divina llega al descubrimiento, a través de la razón, de un solo Dios, del alma espiritual, del premio o castigo según las obras…así construye el camino, por designios del Eterno Padre, el Doctor Angélico, quien habrá de realizar parte de su vocación Cristianizando lo Cristianizable de la filosofía Griega.
Em el tiempo y en el espacio se han truncado infinidad de vocaciones, pero igualmente, sin poderlas contar, se han realizado en pos del Arte, de la Ciencia, de la Historia, de la Filosofía, de la Salud, del remedio a la pobreza, de la lucha a favor de la de la verdad y la justicia, en todos sus aspectos. Igualmente de la fundación de nuevas Familias Religiosas, en fin…pero tanto unas como otras, para obtener éxito, primero han de considerar el verdadero llamado de Dios con la intención clara de cimentar la Fe en la familia y en la sociedad; tanto en el orden natural, como en el sobrenatural, y todo esto orientado hacia la Vocación Universal.

Continuará: ¿CUÁL FUE, ENTONCES LA VOCACIÓN DE ISABEL LA CATÓLICA?

domingo, 6 de mayo de 2018

La  Sección Cultural del

“Real Club España”





Presenta la Conferencia

Vocación de una Reyna

Por Sor Clotilde García Espejel E.D.

Sábado 12 de junio de 2003

                                                              Salón Hispano Mexicano





¨Vocación de una Reyna¨

La realidad es que todo ser humano trae su peculiaridad y propia vocación, del mismo modo que tiene su propia alma creada por Dios para ese cuerpo, los cuales alma y cuerpo al unirse substancialmente, logran su personalidad irrepetible y, aunque esencialmente sea igual que todo hombre, en su propio ser es distinto del otro, como lo son entre si Pedro, Pablo, Juan etc. Por lo tanto trae su propio camino hacia un deber que lo ha de conducir hacia su fin terrenal, el cual lo llevara a unirse con sus hermanos para lograr juntos la Bienaventuranza Eterna. Y quien no lo logra, quien no alcanza esa meta, habrá fracasado…pues “ ¿de qué sirve al hombre ganar todo el mundo, si al fin pierde su alma?”.
NATURALEZA DE LA VOCACIÓN
¿Qué es la vocación? La vocación esencialmente es un llamado a vivamos en armonía el camino al que hemos sido invitados. Nominalmente, vocación, del Latín Vocatí, vocare, llamar…y , ¿quién llama? El que llama el que invita es Dios. El que elige a cada alma unida sustancialmente a su propio cuerpo para que entreteja sus vidas en combinación con sus hermanos, desarrollándola de manera personal y sui generis, pero en tal armonía con la Ley de Dios y su naturaleza humana que glorifique al Creador en todo.
Siglos antes, en el tiempo que no es tiempo y que, por tanto no puede contarse: aún no concebida la persona en el vientre materno ya en la mente de Dios, en la perene y eterna estabilidad Divina permanece de alguna forma (futurible) la creatura a su llamado personal.
Concibe la madre, y en ese preciso instante, Dios crea el alma para ese cuerpo, a quien sin saberlo, ya Dios le ha encendido la luz de su camino. Después de haber gozado el seno materno, el niño aparece en este jardín de la tierra, donde será una flor más, pero diferente. Llegando al uso de la razón, el sujeto empieza a vislumbrar y comprender poco a poco el llamado de Dios.
Corresponde a los Padres de Familia, a los Ministros de la Iglesia Católica y a los educadores descubrir, para ayudar, hacia donde señala la brújula del camino del hombre, analizando, inclinaciones, aptitudes posibles, limitaciones, defectos, para orientarlos hacia su verdadero destino.
No olvidemos que somos un compuesto de materia y de espíritu formando un solo ser, pero siempre correlacionados mutuamente y orientados a la elevación de la naturaleza.
VOCACIÓN UNIVERSAL
Hay una vocación que es igual para todo hombre y se le denomina “ Vocación Universal”. Llamase así a aquella que invita a toda la humanidad, de la misma manera y se resume en los sencillos, pero no menos bellos y profundos conceptos del incomparable Catecismo del Padre Jerónimo de Ripalda: “¿para qué fin fue creado el hombre?” Y responde, el mismo Padre “Para amar y servir a Dios en toda su vida y después verle y gozarle en la otra”, cuyo fruto será la Santidad: “seréis pues, vosotros perfectos, cómo vuestro Padre Celestial perfecto” (Mateo V-5,48). ¡El que escapa de las manos de Dios no alcanza su Santificación!
VOCACIÓN DE ESTADO
A ese llamado Universal, se une la vocación de estado: matrimonio, celibato o vida consagrada por los Votos Religiosos u Orientación Sacerdotal. No hay otra vocación de estado.
Esta vocación de estado fundamental, el hombre y la mujer han de elegir su estado de vida, de acuerdo con el llamado de Dios para lograr un matrimonio cristiano y en consecuencia, una familia ideal, una Santa y útil vida de soltería o un ejemplo viviente de Religiosa o Sacerdote.

Continuará…Vocación Personal





domingo, 21 de enero de 2018



II. LA PROBLEMÁTICA ACTUAL SOBRE LA ESCUELA CATOLICA
16. La Iglesia, reflexionando sobre su misión salvífica, considera la Escuela Católica como un ambiente privilegiado para la formación integral de sus hijos y un servicio de suma importancia para todos los hombres. Pero no ignora que, en diversos lugares, se presentan numerosas dudas y objeciones en cuanto a la razón de ser de la misma y en cuanto a su eficacia operativa. En realidad, esta cuestión debe mirarse en el horizonte más amplio de una problemática que atañe a la razón de ser de las instituciones como tales, en una sociedad como la actual, caracterizada por transformaciones cada vez más rápidas y profundas.

Objeciones contra la Escuela Católica
17. En el debate sobre la Escuela Católica se pueden precisar algunos temas, en torno a los cuales se agrupan las objeciones, dificultades, alternativas, que conviene tener presentes para situar atinadamente la reflexión en su contexto concreto, y para considerar todos aquellos aspectos que invitan a los educadores a emprender un vigoroso esfuerzo para poder responder a las exigencias de su misión en el mundo contemporáneo.
18. Conviene tener presente, en primer lugar, que ciertos medios dentro y fuera de la Iglesia Católica, inspirados por un sentido de laicidad mal entendida impugnan la Escuela Católica como institución. No aceptan que la Iglesia pueda ofrecer, además del testimonio individual de sus miembros, el testimonio específico de sus propias instituciones, dedicadas, por ejemplo, a la investigación de la verdad o a las obras de caridad.
19. objetan otros que la Escuela Católica pretende instrumentalizar una institución humana para fines religiosos y confesionales. La educación cristiana puede, a veces, estar expuesta al riesgo del proselitismo, de una concepción parcial de la cultura entendida y actuada erróneamente. Pero también es necesario recordar que la educación integral comprende imprescindiblemente la dimensión religiosa, la cual contribuye eficazmente al desarrollo de otros aspectos de la personalidad en la medida en que se la integre en la educación general.
20. según otros, la Escuela Católica sería una institución anacrónica que, después de haber ejercido su papel de suplencia exigido en el pasado, no tendría ya razón de ser en una época en que la sociedad va tomando a su cargo el servicio de la enseñanza. De hecho, el Estado se encarga cada vez más de la institución educativa escolar, amenazando la supervivencia de las comunidades naturales, fundada sobre una común concepción de la vida, mediante instituciones educativas a nivel nacional, pretendidamente neutras. La Escuela Católica, frente a esta situación, se propone ofrecer una alternativa a la que pudieran recurrir los miembros de la comunidad eclesial que lo desean.
21. Es cierto que, en algunos países, la Escuela Católica se ha visto forzada a reducir en cierta medida su acción educativa a las clases sociales más acomodadas, dando la impresión de querer favorecer con su educación una discriminación socioeconómica; pero esto sucede precisamente allí donde, ignorando las ventajas de su presencia como alternativa en la actual sociedad pluralista, le han creado en consecuencia graves dificultades.
22. Relacionadas  con las precedentes están las objeciones que se refieren a los resultados educativos de la Escuela Católica. Se le achaca incapacidad en la tarea de formar cristianos convencidos, coherentes, preparados en el campo social y político. Semejante riesgo es inseparable del esfuerzo educativo: no hay que desanimarse por fracasos aparentes o reales, porque los elementos que influyen en la formación del educando son múltiples y, muchas veces, los resultados se logran a largo plazo.
23. Antes de concluir estas reflexiones acerca de los cargos que se le hacen a la Escuela Católica no se puede menos de recordar en qué contexto se desarrolla hoy el trabajo escolar en cualquier sitio, pero especialmente en la Iglesia Católica: en la sociedad actual, que se encuentra en estado de rápida evolución, el problema escolar en todas partes se presenta como grave; el Concilio Vaticano II ha promovido aperturas que a veces son interpretadas y realizadas erróneamente; existen, además, serias dificultades para encontrar personal educativo preparado y medio de financiamiento. En tales circunstancias ¿no debiera tal vez la Iglesia -como proponen algunos- renunciar a su misión apostólica en las escuelas católicas y dedicar sus fuerzas a una obra evangelizadora más directa, en sectores considerados prioritarios a más acomodados a su misión espiritual, u orientar sus desvelos pastorales al servicio de las escuelas estatales? Aparte de que semejante solución no estaría de acuerdo con las directivas del Concilio, las consideraciones siguientes quieren hacer ver que no se justifican, precisamente, en virtud de la misión propia de la Iglesia.
Algunos aspectos de la escuela contemporánea
24. La problemática de la Escuela Católica no puede comprenderse en su conjunto si no se la considera en el contexto más amplio de la problemática de la escuela en general. Prescindiendo de las reivindicaciones presentadas por los partidarios de la desescolarización, teoría que parece perder importancia, la escuela está adquiriendo en el mundo contemporáneo un lugar preeminente, debido a la función que le compete, ya sea como ¨escuela de todos y para todos¨(participación de los padres de familia, democratización e igualdad de oportunidades), ya sea porque cada vez se configura más decididamente como ¨escuela de tiempo completo¨, coordinado y, eventualmente, absorbiendo las tareas educativas de otras instituciones, o porque la duración del ciclo escolar tiende a prolongarse.
(Documentos Pontificios 3)


domingo, 7 de enero de 2018

I.LA ESCUELA CATOLICA Y LA MISION SALVIFICA DE LA IGLESIA

Misión salvífica de la Iglesia
5. Dios padre, en su misterioso designio de amor, llegada la plenitud de los tiempos envió a su Hijo Unigénito a inaugurar en la tierra el Reino de Dios y a realizar la obra de la redención de los hombres. Para continuar su obra de salvación, Cristo ha instituido la Iglesia como organismo visible vivificado por el Espíritu.
6. Movida por este Espíritu, la Iglesia profundiza continuamente en la conciencia de sí misma meditando sobre el misterio de su ser y de su misión. Renueva así el descubrimiento de su relación vital con Cristo ¨para encontrar mayor luz, nueva energía y mayor gozo en el cumplimiento de su propia misión, y para determinar los modos más aptos para hacer más cercanos, operantes y benéficos sus contactos con la humanidad, a la que ella pertenece, aunque distinguiéndose por caracteres propios inconfundibles¨, y a cuyo servicio está destinada para que la humanidad alcance su plenitud en Cristo.
7. La misión de la Iglesia es, pues, evangelizar; es decir, proclamar a todos el gozoso anuncio de la salvación, de engendrar con el bautismo nuevas creaturas en Cristo y de educarlas para que vivan conscientemente como hijos de Dios.
Medios al servicio de la misión salvífica de la Iglesia
8. para llevar a cabo su misión salvífica, la Iglesia se sirve principalmente de los medios que Jesucristo mismo le ha confiado, sin omitir otros que, en las diversas épocas y en las varias culturas, sean aptos para conseguir su fin sobrenatural y para promover el desarrollo de la persona. Es deber esencial de la Iglesia desarrollar su misión adaptando los medios a las cambiantes condiciones de los tiempos y a las nuevas necesidades del género humano. Al encontrarse con diversas culturas y frente a las continuas conquistas de la humanidad, la Iglesia, a través del anuncio de la fe, revela ¨al hombre de todos los tiempos el único fin trascendente que da a la vida un sentido más pleno¨. Para llevar a término esta misión, la Iglesia crea sus propias escuelas, porque reconoce en la escuela un medio privilegiado para la formación integral del hombre, en cuanto que ella es un centro donde se elabora y se trasmite una concepción específica el mundo, del hombre y de la historia.
Contribución de la Escuela Católica a la misión salvífica de la Iglesia
9. La Escuela Católica entra de lleno en la misión salvífica de la Iglesia y particularmente en la exigencia de la educación a la fe. Sabiendo que la ¨conciencia Psicológica y moral son llamadas por Cristo a una simultánea plenitud como condición para que el hombre reciba convenientemente los dones divinos de la verdad y de la gracia¨, la Iglesia se siente comprometida a promover en sus hijos la plena conciencia de que han sido regenerados a una vida nueva. El proyecto Educativo de la Escuela Católica se define precisamente por su referencia explícita al Evangelio de Jesucristo, con el intento de arraigarlo en la conciencia y en la vida de los jóvenes, teniendo en cuenta los condicionamientos culturales de hoy.
Compromiso educativo de la Iglesia y pluralismo cultural
10. En el curso de los siglos, la Iglesia buscando ¨incesantemente la plenitud de la verdad divina¨, se ha acercado progresivamente a las fuentes y a los medios de la cultura para adquirir un conocimiento cada vez más profundo de la fe y un fructuoso diálogo con el mundo. Movida por la fe, que la impulsa a creer que quien la conduce es el Espíritu del Señor, la Iglesia intenta discernir en los acontecimientos, en las búsquedas y en las aspiraciones de nuestro tiempo cuáles son las llamadas más urgentes a las que debe responder para realizar el designio de Dios.
11. En la sociedad actual, caracterizada entre otras manifestaciones, por el pluralismo cultural, la Iglesia capta la necesidad urgente de garantizar la presencia del pensamiento cristiano; puesto que éste, en el caos de las concepciones y de los comportamientos, constituye un criterio válido de discernimiento: ¨la referencia a Jesucristo enseña de hecho a discernir los valores que hacen al hombre, y los contravalores que lo degradan¨.
12. El pluralismo cultural invita, pues, a la Iglesia a reforzar su empeño educativo para formar personalidades fuertes, capaces de resistir al relativismo debilitante, y de vivir coherentemente las exigencias propias del bautismo. Además, la apremia a promover auténticas comunidades cristianas que, precisamente, en virtud de su propio cristianismo, vivo y operante, puedan dar en espíritu de diálogo, una contribución original y positiva a la edificación de la ciudad terrena y, con tal fin, la estimula a potenciar sus recursos educativos. Estas mismas finalidades se imponen a la Iglesia frente a otros elementos característicos de la cultura contemporánea, como el materialismo, el pragmatismo y el tecnicismo.
13. para garantizar estos objetivos, como respuesta al pluralismo cultural, la Iglesia sostiene el principio del pluralismo escolar, es decir, la coexistencia y - en cuanto sea posible – la cooperación de las diversas instituciones escolares, que permitan a los jóvenes formarse criterios de valoración fundados en una específica concepción del mundo, prepararse a participar activamente en la construcción de una comunidad y, por medio de ella, en la construcción de la sociedad.
14. Dentro de este panorama corresponde a la Escuela Católica un puesto propio en la organización escolar de las diversas naciones, teniendo en cuenta las modalidades y posibilidades que se presentan en los diversos contextos ambientales. Por medio de esta alternativa la Iglesia trata de responder a las exigencias de cooperación que se manifiestan hoy en un mundo caracterizado por pluralismo cultural. Contribuye así a promover la libertad de enseñanza y, por consiguiente, a sostener y a garantizar la libertad de conciencia y el derecho de los padres de familia a escoger la escuela que mejor responda a su propia concepción educativa.
15. Por último, la Iglesia está plenamente convencida de que la Escuela Católica, al ofrecer su proyecto educativo a los hombres de nuestro tiempo, cumple una tarea eclesial, insustituible y urgente. En ella, de hecho, la Iglesia participa en el diálogo cultural con su aportación original en favor del verdadero progreso y de la formación integral del hombre. La desaparición de la Escuela Católica constituiría una pérdida inmensa para la civilización, para el hombre y para su destino natural y sobrenatural.



domingo, 24 de diciembre de 2017



LA ESCUELA CATOLICA
DOCUMENTO
De la Sagrada Congregación para la Educación Católica

INTRODUCCION
1.       La Escuela Católica adquiere cada día una mayor importancia en la Iglesia, tal como ésta se muestra después del Concilio Vaticano II, principalmente en las constituciones Lumen Gentium y Gaudium et Spes. La Escuela se integra en aquella otra realidad más amplia que es la educación cristiana, de la que trata específicamente la declaración conciliar Gravissimum educationis, en cuya línea quiere situarse este documento, limitándose a ahondar en la reflexión relativa a la Escuela Católica.
2.       Al contemplar los graves problemas que afectan a la educación cristiana en la sociedad pluralista contemporánea, la Sagrada Congregación para la Educación Católica juzga necesario concentrar su atención, en primer lugar, sobre la naturaleza y características de una escuela que quiere definirse y presentarse como ¨católica¨. Dada la heterogeneidad de situaciones en que se encuentra la Escuela Católica para realizar su obra en una variedad de países, de tradición cristiana, incluso sometida a legislaciones diversas, los problemas que la afectan deben ser afrontados y resueltos por cada una de las Iglesias locales, en el cuadro de los diferentes contextos socioculturales.
3.       La Sagrada Congregación para la Educación Católica considera oportuno ofrecer su ayuda proponiendo algunas consideraciones que sirvan para ver con mayor claridad el valor educativo de la Escuela Católica, en el cual radica fundamentalmente su razón de ser y en virtud del cual ella constituye un auténtico apostolado. Estas consideraciones más que agotar el tema, quisieran servir de base para ulteriores estudios y para realizaciones más profundas.

4.       Las Conferencias Episcopales, ciertamente, son conscientes de que deben dedicar sus cuidados pastorales a toda la juventud católica de las diversas escuelas de cada nación, no obstante eso, la Sagrada Congregación para la Educación Católica les confía a ellas el presente documento para que procuren que se elabore- en diversos niveles – un proyecto educativo que responda a las exigencias de la educación integral de los jóvenes de hoy en las escuelas católicas y para que velen por su ejecución. Además, la Sagrada Congragación exhorta a todos los responsables de la educación – padres de familia, educadores, jóvenes, autoridades escolares – a que aúnen todos los recursos y medios disponibles que permitan a la Escuela Católica desarrollar un servicio verdaderamente cívico y apostólico.

sábado, 23 de diciembre de 2017

IMITACIÓN DE CRISTO
EL REINADO DE JESÚS EN EL ALMA

QUI SÉQUITUR ME NON ÁMBULAT IN TENEBRIS
QUIEN ME SIGUE NO ANDA EN TINIEBLAS

La conversación interior
Qué hacer para que Jesús venga al alma y le hable.
                               Prepararle la morada.
Dice el Señor: El reino de Dios dentro de vosotros está. Conviértete a Dios de todo corazón y deja ese miserable mundo, y hallará tu alma reposo. Aprende a menospreciar las cosas exteriores y darte a las interiores, y veras que se viene a ti el reino de Dios.
Pues el reino de Dios es paz y gozo en el Espíritu Santo, que no se da a los malos si preparas digna morada interiormente a Jesucristo, vendrá a ti y te mostrará su consolación.
Toda su gloria y hermosura está en lo interior y allí se está complaciendo.
Su continua visitación es con el hombre interior, con él habla dulcemente, tiene agradable consolación, mucha paz y admirable familiaridad.

        Poner tu corazón, tu confianza y tu pensamiento en Dios
Tu corazón
Ea, pues, alma fiel, prepara tu corazón a este Esposo, para que quiera venirse a ti y hablar contigo. Porque Él dice así: “si alguno me ama, guardará mi palabra y vendremos a él, y haremos en él nuestra morada”.
Da, pues, lugar a Cristo, y a todo lo demás cierra la puerta. Si a Cristo tuvieres, estarás rico, y te bastará. Él será tu fiel procurador, y te proveerá de todo, de manera que no tendrás necesidad de esperar en los hombres. Porque los hombres se mudan fácilmente y desfallecen en breve; pero Jesucristo permanece para siempre y está firme hasta el fin.
Tu confianza
No hay que poner mucha confianza en el hombre frágil y mortal, aunque sea útil y bien querido, ni has de tomar mucha pena si alguna vez fuere contrario o no te atiende. Los que hoy son contigo, mañana te pueden contradecir, y al contrario; porque muchas veces se vuelven como el viento.
Pon en Dios toda tu esperanza, y sea Él tu temor y tu amor. El responderá por ti, y lo hará bien, como mejor convenga. No tienes aquí domicilio permanente dondequiera que estuvieres, serás extraño y peregrino, y no tendrás nunca reposo, si no estuvieres íntimamente unido con Cristo.
¿Qué miras aquí no siendo éste el lugar de tu descanso? En los cielos debe ser tu morada, y como de paso has de mirar todo lo terrestre. Todas las cosas pasan, y tú también con ellas. Guárdate de pegarte a ellas, porque no seas preso y perezcas
Tu pensamiento
En el Altísimo pon tu pensamiento y tu oración sin cesar sea dirigida a Cristo. Si no sabes contemplar las cosas altas y celestiales, descansa en la Pasión de Cristo y habita gustosamente en sus sagradas llagas.
Porque si te acoges devotamente a las llagas y preciosas heridas de Jesús, gran consuelo sentirás en la tribulación, y no harás mucho caso de los desprecios de los hombres, y fácilmente sufrirás las palabras de los maldicientes.
Cristo fue también en el mundo despreciado de los hombres, y entre grandes afrentas, desamparado de amigos y conocidos, y en suma necesidad. Cristo quiso padecer y ser despreciado y ¿tú te atreves a quejarte de alguna cosa? Cristo tuvo adversarios y murmuradores, y ¿tú quieres tener a todos por amigos y bienhechores? ¿con qué se coronará tu paciencia si ninguna adversidad se te ofrece? Si no quieres sufrir ninguna adversidad, ¿Cómo serás amigo de Cristo? Sufre con Cristo y por Cristo, si quieres reinar con Cristo
Cómo es el que tiene a Jesús
Si una vez entrases perfectamente en los secretos de Jesús, y gustases un poco de su encendido amor, entonces no tendrías cuidado de tu propio provecho o daño; antes te holgarías mas de las injurias que re hiciesen; porque le amor de Jesús hace al hombre despreciarse a sí mismo.
El amante de Jesús y de la verdad, y el hombre verdaderamente interior y libre de las aficiones desordenadas, se puede volver fácilmente a Dios, y levantarse sobre sí mismo en el espíritu y descansar gozosamente.
Aquel a quien gustan todas cosas como son, no como se dicen o estiman, es verdaderamente sabio y enseñado mas de dios que de los hombres.
El que sabe andar dentro de sí y tener en poco las cosas exteriores, no busca lugares ni espera tiempos para darse a ejercicios devotos. El hombre interior presto se recoge, porque nunca se entrega a las cosas exteriores. No le estorba el trabajo exterior, ni la ocupación necesaria tiempos; sino que, así como suceden las cosas, se acomoda a ellas.
El que está interiormente bien dispuesto y ordenado, no cuida de los hechos famosos y perversos de los hombres.
Obstáculos a la unión con Dios
Tanto se estorba el hombre y se distrae, cuanto atrae a sí las cosas de fuera. Si fueses recto y puro, todo te sucedería bien y con provecho. Por eso te descontentan y conturban muchas cosas frecuentemente, porque aún no has muerto a ti del todo ni apartado de todas las cosas terrenas.
Nada mancilla ni embaraza tanto el corazón del hombre cuanto el amor desordenado de las criaturas.

Si desprecias las consolaciones de fuera, podrás contemplar las cosas celestiales y gozarte muchas veces dentro de ti.

lunes, 18 de diciembre de 2017

“La santa Misa es la Obra mas excelente del Espíritu Santo
Hasta ahora hemos tratado de lo que se relaciona con la Misa con Dios Padre y con Dios Hijo. Estudiemos ahora la parte que en ella toma la tercera persona de la Santísima trinidad.
Los bienes que el Espíritu Santo derrama sobre nosotros son innumerables y nadie es capaz de llegarlos a contar.
El Espíritu Santo es todo amor y misericordia, aplaca la justicia y preserva de la condenación eterna a las almas de los pecadores. El principió y terminó la obra de nuestra santificación. La empezó, cuando por su intercesión el Verbo se hizo carne en el seno inmaculado de María y el alma santísima de Jesús se unió con su cuerpo, es decir, al unirse la divinidad con la humanidad. La termino el día de pentecostés, cuando se comunicó con sus apóstoles y discípulos y por la conversión de las almas empedernidas ante el espectáculo del Calvario.
El Espíritu Santo habita entre los verdaderos fieles, sin alejarse del todo de aquellos que le rechazan y, sin cesar, llama a las puertas de su corazón para entrar nuevamente en él.
Esta cooperación en la Redención no puede dejar de ser calificada de obra grande magnifica.
No obstante, refiriéndose al título del presente capítulo, vamos a demostrar que la santa misa es la obra más excelente del Espíritu Santo.
Todos los teólogos andan acordes al considerar como la mayor maravilla la unión de la divinidad con la humanidad, eso es la Encarnación. Esta maravilla, como todas las obras eternas de Dios, es común a las tres personas divinas. Pero la Iglesia, en conformidad a la teología, la atribuye al Espíritu Santo como obra de amor, y con mayor motivo se le atribuye la obra de amor más maravillosa y admirable; y ésta es la maravilla que canta la Iglesia en el símbolo de la Fe: et incarnatús est.
A pesar de ello el milagro que se realiza en el alta aventaja al primero, porque desciende el Hombre Dios del cielo y se oculta en la parte más pequeña de la Hostia.
La liturgia de Santiago atribuye este milagro de los milagros Espíritu Santo.
Inmediatamente antes de la fórmula de la consagración se lee: “Envía, Señor, sobre estos dones, al Vivificador, al Divino, Al Eterno, que en unión contigo, Dios Padre y de tu hijo Único, reine y gobierne a fin de que, por su santa, saludable y gloriosa presencia, sea este pan santificado y transubstanciado en el Cuerpo, y este vino en la sangre preciosa de tu Cristo.”
Otra oración parecida se encuentra en la liturgia de San Juan Crisóstomo: “Bendice, señor, este pan: conviértele en el cuerpo adorable de tu Cristo Bendice el cáliz santo y convierte, por obra del Espíritu Santo, el vino en la sangre preciosa de Cristo.”
En los primitivos misales se le atribuye la transubstanciación al Espíritu Santo y se le invoca para dar cumplimiento a esta obra, cómo cumplió la de la Encarnación, según las palabras de San Gabriel a María: “el Espíritu Santo descenderá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra”
El sacerdote dice lo mismo cuando con los brazos extendidos y en alto, suplica al Espíritu Santo que baje del cielo: “Ven, Santificador Todopoderoso, Dios Eterno, y bendice este sacrificio preparado en honra de tu santo nombre”.
De la misma manera suplica San Ambrosio antes de la Misa: “Haz, Señor, que la Majestad invisible de tu Espíritu Santo descienda, como descendió en otras ocasiones sobre las victimas ofrecidas por nuestros padres”.
Del modo como desciende el Espíritu Santo nos lo dice claramente Santa Hildegarda: “cuando el sacerdote ya revestido -exclama- de sus ornamentos sacerdotales se dirigía al altar a celebrar, vi bajar del cielo una gran claridad que ilumino el altar durante la santa Misa”
“En el Sanctus una llama celeste atravesó el pan y el vino, cómo penetran los rayos del sol a través del cristal. Esta llama levantó al cielo las dos especies y las dejo enseguida sobre el corporal. Desde ese instante no hubo más que la carne y la sangre verdadera de Jesucristo, aunque aparentemente sólo se viesen el pan y el vino. Mientras yo contemplaba las santas especies vi pasar ante mis ojos, tal como se habían realizado en la tierra, la Encarnación, el Nacimiento, la Pasión y muerte del Hijo de Dios.”
El Antiguo Testamento ya nos había ofrecido dos hermosas imágenes de este misterio.
El primero, cuando el sacrificio de Aaron: “y la gloria de Señor se dejó ver de toda la muchedumbre: pues un fuego enviado por el Señor devoró el holocausto y los sebos que había sobre el altar. Lo cual, visto por las gentes del pueblo, postrándose sobre sus rostros, alabaron al señor”
El otro, al consagrarse el Templo: “Luego que Salomón acabó de hacer sus fervorosas plegarias, bajó del cielo fuego que devoró los holocaustos y las victimas; y la Majestad del Señor llenó toda la casa. Asimismo, todos los hijos de Israel estaban viendo bajar el fuego y la gloria del Señor sobre la casa, y postrándose rostro en tierra sobre el pavimento enlosado adoraron y bendijeron al Señor repitiendo: Porque es bueno y por qué es eterna su misericordia”.
Como somos indignos pecadores no nos es dado apreciar con los sentidos la realidad de estos símbolos y, sin embargo, mas de una vez el ojo del hombre ha contemplado en la tierra la llama del Espíritu Santo.
Según Baronio, San Ignacio, Patriarca de Constantinopla, mientras celebraba la santa Misa vio muchas veces cómo el pan consagrado tomaba la forma de un carbón encendido. La iglesia griega no consagra, como la romana, una Hostia, sino un pedazo de pan con levadura. ¡que admirable debió ser este pan inflamado con la llama del fuego divino! El fuego es el símbolo del amor por el cual el Padre está unido al Hijo y siendo el Espíritu de amor la tercera persona divina gusta de manifestarse a los hombres bajo el emblema de llamas de fuego.
El propio Baronio refiere un hecho relativo a la participación que toma el Espíritu Santo en el acto de la consagración.
Vivía en Fornello, ciudad poco distante de Roma, un obispo virtuoso en grado sumo que acostumbraba celebrar la Misa con gran fervor; pero a pesar de ello alguien encontró un medio de acusarle al Papa Agapito de haber comido en los vasos sagrados con gran escandalo de los fieles el Papa le llamó a Roma y lo encarceló.
En la noche del tercer día vio el Papa en un sueño misterioso a un Ángel ayudando por tres veces la Misa que celebraba el obispo prisionero, y al despertar llamó Agapito al prelado haciéndole celebrar los santos misterios en su presencia.
Obedeció el acusado y después del ofertorio, en la oración que dice: “Ven Santificador Todopoderoso, Dios eterno y bendice este sacrificio preparado para gloria de tu santo nombre” el Papa, al propio tiempo que el celebrante, vio bajar al Espíritu Santo, que les cubría, así como a los diáconos, semejante a una nube.
Entonces el Papa reconoció la inocencia y santidad el obispo y se arrepintió en gran manera del rigor que había desplegado contra él, prometiendo en lo sucesivo no dar crédito desmedido a tales acusaciones.
La citada oración sirve en todas las Misas para llamar al Espíritu Santo, según refiere el P. Mansi: ”El sacrificio incruento es tan sublime que el Espíritu Santo desciende del cielo, para bendecirlo , rodo lo cual contempla el coro de los ángeles con indecible jubilo” o bien dicho en otras palabras: cuando el Espíritu Santo lleva a cabo la transubstanciación, los ángeles rodean y adoran a su señor bajo las especies de pan y vino.
¡Cuán grande es el poder y la dulzura de este pan celestial que ha sido preparado por el Autor mismo de toda santidad!
Pero la llama del Espíritu Santo tiende mas a consumar el sacrificio que nos hace propicios ante Dios y nos enriquece con toda clase de bienes, que a prepararnos el alimento espiritual. Según San Pablo, su solicitud en bien de nuestras almas no tiene límites: “y además el Espíritu Divino ayuda a nuestra flaqueza, pues no sabiendo siquiera que hemos de pedir en nuestras oraciones, ni como conviene hacerlo, el mismo Espíritu hace o produce en nuestro interior nuestras peticiones a Dios con gemidos que son inexplicables. Pero aquel que penetra a fondo los corazones, conoce bien que es lo que desea el Espíritu, el cual no pide nada por los santos que no sea según Dios”
Indudablemente que una persona divina no pide a la otra, porque las tres tienen igual poder y generosidad; pero como la justicia se atribuye generalmente al Padre, la sabiduría al Hijo y la misericordia al Espíritu Santo se puede decir que la misericordia o sea el Espíritu Santo “pide con suplicas indecibles” a la justicia, o sea a Dios Padre, que perdone a los pecadores. Esto es lo que viene a decir san Pablo.
El Espíritu Santo ruega por nosotros constantemente, pero en especial en la santa Misa, como podemos deducirlo del pasaje siguiente de san Juan Crisóstomo: “en la Misa no oramos solos, postrase los ángeles e interceden por nosotros”
Si los espíritus celestes eligen preferentemente el momento de la santa misa para abogar por nosotros lo hacen a ejemplo del Espíritu Santo que uniéndose a Jesucristo inmolado en el alatar se empeña en ablandar a la justicia divina.
Sabido esto comprenderemos ya la infinita bondad del Espíritu Santo quien no dirige a Dios una oración tan solo, sino suplicas constantes. Depositemos pues, toda nuestra confianza en un amigo tan fiel y puesto que ora por nosotros en la santa misa oigámosla algunas veces en su honor y en acción de gracias por todos sus beneficios.”

Sor Clotilde García Espejel 

domingo, 17 de diciembre de 2017



AFECTOS A CRISTO SACRAMENTADO PARA DESPUES DE LA COMUNION.


Yo soy de Dios: oh dulce pensamiento,
Que anega el alma en celestial amor,
Un Dios potente, hasta albergarse llega
En mi pobre y estrecho corazón.
Yo soy de Dios: el cielo me contempla,
Y el ángel que se acerca á mí veloz,
Halla mi pecho en templo convertido,
Donde el Eterno fija su mansión.
Yo soy de Dios: la sangre inmaculada
Que de una Virgen cándida tomó,
¡Oh gran prodigio! Con mi sangre llega
Hasta mezclarse en misteriosa unión.
Yo soy de Dios: se abisma el pensamiento
Cuando en mi pecho fija su mansión;
Con reverencia el alma le recibe,
Mientras el serafín tiembla á su voz.
Yo soy de Dios: mis ojos se recrean
Al contemplar absortos de esplendor
Desaparecer encantos terrenales;
Huye ante la verdad toda ilusión.
Yo soy de Dios: el salvador del hombre,
El Rey de reyes hasta mi bajó;
Al recibirle en lágrimas desecho
Mi espíritu se inflama en santo amor.
Yo soy de Dios: hasta el postrer momento
Sólo he de hallar encantos en mi Dios;
Su dulce nombre ha de sellar mis labios
Al dirigirle mi última oración.






domingo, 19 de noviembre de 2017




Reciban saludos todas las personas que me hacen el favor de leer mis publicaciones.
Por causas de fuerza mayor tuve que suspender temporalmente los artículos que normalmente subía a ésta red social, les informo que continuaré con mis publicaciones en días próximos, gracias.




Tedeum

El Tedeum ha sido atribuido sucesivamente a Hilario, Ambrosio y Agustín. G. Morin y A. Burn han tratado de demostrar que es de Niceta, obispo de Remesiana, un amigo de Paulino de Nola, muerto en 414. Este célebre canto puede ser también el resultado de diversas composiciones reunidas.

A Ti, ¡oh Dios!, alabamos; como Señor te confesamos.
A Ti, Padre eterno, la tierra toda te venera.
A Ti todos los ángeles, a Ti los cielos y todas las Potestades,
A Ti los querubines y los serafines te proclaman con voz que no cesa:
Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos,
Llenos están los cielos y la tierra de la majestad de tu gloria.
A Ti, el glorioso coro de los Apóstoles,
A Ti la venerable multitud de los profetas,
A Ti el ilustre ejército de los mártires te alaba.

La Santa Iglesia te confiesa por todo el orbe de la tierra,
Padre de inmensa majestad,
Y venerable tu único verdadero Hijo
Y también el Espíritu Santo consolador.

Tú ¡oh Cristo! Eres el rey de la gloria,
Hijo Eterno del Padre.
Te hiciste hombre para liberarle y encarnaste sin desdén en el seno de una Virgen.
Tú, roto el aguijón de la muerte, abriste a los creyentes el reino de los cielos.
Tú estás sentado a la diestra de Dios en la gloria del Padre.
Creemos que vendrás como Juez y te rogamos que socorras a tus siervos, a los que redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna nos contemos entre tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad,
Y rígelo y protégelo eternamente.
Todos los días te bendecimos
Y alabamos tu nombre por los siglos y por los siglos de los siglos.
Dígnate, Señor en este día custodiarnos sin pecado.
Ten misericordia de nosotros, Señor; ten misericordia de nosotros.
De la misma manera que hemos esperado en Ti, haz, Señor que tu misericordia descienda sobre nosotros.

En Ti, Señor, esperé no sea yo eternamente confundido.





sábado, 16 de septiembre de 2017

"LA DOCTRINA DE LOS DOCE APÓSTOLES: El Ayuno cristiano, La Oración cristiana, La Eucaristía"




DIDACHÉ
O
LA DOCTRINA DE LOS DOCE APÓSTOLES
Padres apostólicos I
 
  



   


VIII. – El ayuno cristiano.   Vuestros ayunos no han de ser al tiempo que lo hacen los hipócritas; porque éstos ayunan el día segundo y quinto de la semana. Mas vosotros ayunad el día cuarto y el día de la preparación (19).
 
  






La Oración Cristiana. Ni oréis tampoco como los hipócritas, sino que tal, como os mandó el Señor en su Evangelio, así tenéis que orar:
                   Padre nuestro celestial,
         santificado sea tu nombre,
         venga tu reino,
         hágase tu voluntad,
como en el cielo, también en la tierra.
El pan nuestro de nuestra substancia,
dánoslo hoy;
y perdónanos nuestra deuda, así como
también nosotros perdonamos a nuestros deudores,
y no nos lleves a la tentación,
más líbranos del malo.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.
Así oraréis tres veces al día (20).
 
   




IX. – La Eucaristía.    Respecto a la Eucaristía, daréis gracias de esta manera:

Primeramente, sobre el cáliz:
                   Te damos gracias, Padre nuestro,
                   por la santa viña de David, tu siervo,
                   la que nos diste a conocer
                   por medio de Jesús, tu siervo.
                   A ti sea la gloria por los siglos (21).

Luego, sobre la fracción:
                   Te damos gracias, Padre nuestro,
                   por la vida y el conocimiento
                   que nos manifestaste
                   por medio de Jesús, tu siervo.
                   A ti sea la gloria por los siglos (22).
                   Como este fragmento
                   estaba disperso sobre los montes
                   y reunido se hizo uno,
                   así sea congregada tu Iglesia
                   de los confines de la tierra en tu reino.
                   Porque tuya es la gloria y el poder
                   por Jesucristo eternamente.

Que nadie coma y beba de vuestra Eucaristía, sino los bautizados en el nombre del Señor. Pues justamente sobre esto dijo el Señor “No déis lo Santo a los perros” (23).




(19) El enlace de la prescripción sobre el ayuno y los días en que se ha de hacer, parecer algo extremo con lo anterior. Los cristianos han de ayunar los miércoles y viernes para no coincidir con los “hipócritas”, que ayunan los lunes y jueves. Sin embargo, en algo más que en los días había de distinguirse el ayuno cristiano de los judíos o “hipócritas”. Esta expresión con que se señala a los judíos nos hace pensar en Mt. VI, 16, y allí se marcan las diferencias de un ayuno y otro. Por lo demás, hay aquí, como en toda la Didaché, un eco de la lucha contra los judaizantes o judíos en general, que llenó parte tan grande de la vida apostólica de San Pablo. Después del año setenta, esta actividad de los judaizantes sobre las comunidades cristianas cesa en absoluto. No debe, pues, ser muy posterior al setenta la fecha de composición de la Didaché.

(20) La oración cristiana también ha de ser distinta de la oración de los “hipócritas”. Seguramente había en la comunidad cristianos provenientes de la sinagoga, que seguían usando la forma de oración de ésta. El autor de la Didaché quiere que se ore conforme mandó Jesús en el Evangelio. Es imposible no ver aquí una clara alusión al texto escrito de San Mateo, a quien sigue en la transcripción del Padre Nuestro (Mt, Vi, 9-13). El hecho de que el Padre Nuestro se cierre con una doxología, antecedente lejano de nuestro Gloria Patri, prueba que el Padre Nuestro formaba ya parte de la oración litúrgica de la comunidad. Tres veces al día quiere la Didaché que se rece el Padre Nuestro, en evidente oposición a las tres veces en que los “hipócritas” recitaban las llamadas 18 bendiciones. “En la limitación al triple rezo diario, se expresa la gran reverencia de la cristiandad primitiva por la más santa de las oraciones; al introducirse más tarde la costumbre de rezar innumerables veces el Padre Nuestro, se perdió esta veneración y estima y no podemos menos de considerar la antigua práctica como más conveniente” (Winterswyl). Hoy día rezamos mucho “aprisa y por acabar la tarea”, que dice Santa Teresa. Léase todo el comentarlo, admirable y único, como suyo, al Pater noster.

(21) He aquí las más antiguas oraciones eucarísticas, bellas y conmovedoras, que pudieron todavía ser pronunciadas por algunos de los Apóstoles -Juan vivía ciertamente al redactarse la Didaché-; y que respiraban fe profunda, ardiente esperanza, intimidad religiosa, sentido vivo de la unidad de la Iglesia en Cristo Jesús, fuente de toda vida y término de todo anhelo del cristiano. Con todo, son pocas las dificultades que en sus pormenores presentan estas oraciones. Parece ante todo que no puede dudarse que se trata de la celebración eucarística, propiamente dicha. El que falte la fórmula de la institución y consagración, pudiera explicarse porque estas oraciones están destinadas a la comunidad y no, primariamente, al sacerdote. La viña de David es la misma salud mesiánica, varias veces simbolizada en la vid; Gén., XLIX, II, Ps., IX, 20 et alibi, Jesús se aplicó a sí mismo la imagen mesiánica en Jo., XV, 1-8: “Yo soy la vid; vosotros, los sarmientos.

(22) La vida y el conocimiento manifestados por Jesucristo se identifica con la que antes llamó la santa viña de David, es decir, la salvación y vida divina de que Jesucristo es fuente y origen. Justamente la denominación de Jesús como “siervo de Dios” alusión cierta a la profecía de Isaías sobre el sirvo paciente de Jahwé (c. 53 íntegro), demuestra que esta primitiva comunidad no ignora la doctrina de San Pablo sobre el enlace entre Eucaristía y Pasión del Señor: “Cuantas veces comiereis este pan y bebiereis el cáliz, anunciaréis la muerte del Señor hasta que venga” (I Cor. II, 25). Por lo demás la expresión “siervo de Dios” que el griego traduce por país theou, aplicada a Jesús, desapareció de la liturgia por prestarse a la confusión de que el siervo de Dios no fuera también Dios.

X.- Después del ágape

Después de saciaros, daréis gracias de este modo:

Te damos gracias, Padre nuestro,
por tu Santo nombre,
que hiciste morar en nuestros corazones,
y por el conocimiento, la fe y la mortalidadque nos manifestaste
por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos (24)

(23) Es impresionante el sentimiento profundo de la unidad y universalidad de la Iglesia que esta antiquísima postcommunio nos revela. Por otra parte, apenas si cabe superar la belleza de la forma. Se trata, ciertamente, de una nueva poesía, que nace justamente cuando la lírica griega estaba agotada, porque agotada estaba también la fe del alma pagana. La solemne intimación de que sólo los bautizados pueden comer y beber de la Eucaristía, y la cita expresa de Mt. VII, 6 que la tradición posterior entendió siempre del misterio eucarístico, demuestra cumplidamente que estas oraciones se pronuncian en la celebración propiamente dicha de la Eucaristía, no en algún banquete de hermandad a que seguidamente se hace también alusión.

(24) El verbo empleado aquí (emplesthenai) indica probablemente una comida corriente, comida de hermandad o ágape, que precedía o seguía a la celebración propiamente esucarística. He aquí la definición que del ágape da Tertuliano: Coenula nostra de nomine rationem ostentat. Id vocatur quod dilectio apud graecus est. A los ágapes se alude en Jac. 11, 21. 2 Petri 2, 14; Jud. v. 12, único pasaje en que aparece expresa la palabra ágape. Los Hechos de los Apóstoles. 2, 47. se refieren también a estas comidas no estrictamente eucarísticas.

Tú, Señor omnipotente,
creaste todas las cosas por causa de tu nombre,
y diste a los hombres
comida y bebida para su disfrute,
a fin de que te dé gracias.
Mas a nosotros nos concediste
comida y bebida espiritual
y vida eterna para tu Siervo.
Ante todo, te damos gracias,
porque eres poderoso.
A ti sea la gloria por los siglos (25).

Parece, pues, que la Didaché y el uso primitivo de la Iglesia, distinguía dos celebraciones de acción de gracias, o Eucaristía, una ordinaria, aunque dirigida en último término a la unión fraternal y que también podía enlazarsecon el recuerdo de la última cena, y otra sacramental, que era propiamente la que realizaba el mandato de Jesús: "Haced esto en memoria de Mí." Con todo, como nota Altaner, el verbo "su saciarse" puede entenderse de la comida eucarística, como es uso corriente en la Liturgia actual, y estas oraciones serían también directa y primariamente eucarísticas.

(25) Aun pronunciada esta oración después de "saciarse", su contenido nos obliga o ponerla en relación con la Eucaristía. ¿Qué puede, en efecto, significar la comida y bebida espiritual y vida eterna dada por Jesucristo, en contraste con la comida para disfrute de los sentidos? En realidad ignoramos, por lo menos para la Didaché, en que relación estaban ágape y Eucaristía, y queda ciertamente algo flotante el sentido y aplicación estricta de estas, por otra parte, tan bellas plegarias. Muy significativa es la fórmula "te damos gracias porque eres poderoso", la cual nos recuerda la del Gloria en la Misa; Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam. Aquí en realidad, acción de gracias se identifica con alabanza, pues una y otra tienen la común raíz de la caridad.



Acuérdate Señor de tu Iglesia,
para librarla de todo mal,
y reúnela, santificada,
de los cuatro vientos
en el reino que Tú la preparaste.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.
Venga la gloria y pase este mundo.
Hosanna al Dios de David.
El que sea santo, que se acerque;
el que no lo sea, que haga penitencia.
Maranathá. Amén.
A los profetas permitidles que den gracias cuantas quieran (26).

(26) Esta oración por la Iglesia respira la fe y el ardiente anhelo de la comunidad cristiana por la vuelta del Señor. Sólo con la vuelta del Señor adquiriría la Iglesia su perfecta unidad, al congregarla El, santificada, de los cuatro vientos en el reino que le tiene preparado. Creyera o no la primitiva comunidad en la proximidad de la venida del Señor, no cabe duda que esta fe era para el cristiano una positiva fuerza sobrenatural, un auténtico anhelo de vivir en el reino de la gracia y liberarse del mundo. El hosanna al Dios de David es una magnífica confesión de la divinidad del hijo de David, y conserva un eco de la pelémica con los judíos. En Apoc. 20, 22, San Juan interpreta la súplica del Maranathá: "Veni Domine Jesu."  La intimación: "El que sea santo que se acerque", no se refiere a la santidad que supone la celebración eucarística, sino al hecho mismo de ser cristiano. El que no lo sea, es decir, el pagano, haga penitencia, convirtiéndose al Señor.
A los profetas no se les señala oración particular, sino que pueden ellos, como movidos que son por el Espíritu, pronunciar las que quieran y prolongarlas cuanto quieran. La Didaché no "extingue el espíritu."

La unción.    

         Respecto del óleo de la unción, daréis gracias de esta manera:

         Te damos gracias, Padre nuestro,
         por el óleo de la unción.
         que Tú nos manifestaste
         por Jesucristo, tu Siervo.
         A ti sea la gloria por los siglos (27)



VERSIÓN Y NOTAS
POR EL
RVDO. P. DANIEL RUIZ BUENO C. M. E.

Catedrático de Lengua Griega.