domingo, 13 de mayo de 2018


Continuación de: Vocación de una Reyna


VOCACIÓN PERSONAL
Sobre estas tres columnas vocacionales, a las cuales podríamos llamar principios o fundamento, hallamos la vocación personal. ¡El Espíritu Santo se luce en las almas, dándoles, no digo matices, sino gigantescas llamas que asombran al mundo en su infinita variedad!.
La creación es hermosa por su variedad en la unidad de la cual resulta la armonía. La igualdad no enriquece, es monótona y nada creativa, así que el Eterno Padre a quién se le atribuye la creación, nos mantiene asombrados ante la belleza y misterio de su OBRA CREADORA.

El Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, de quien reconocemos recibir los medios y el estímulo hacia nuestra santificación, nos arrebata al éxtasis cuando contemplamos en nuestros hermanos la variedad infinita de caminos, de facetas y dones que les otorga para la consecuencia del Fin. Este conjunto de dones que regala a cada persona, son los medios y señales para la realización de su vocación personal.
La Vocación Universal y la Vocación de Estado han de conjugarse con la vocación personal, con la cual, cada hombre vivirá en la sociedad, en la Iglesia, en el mundo su especifica vocación, no de manera aislada sino en Preciosa Comunión con sus hermanos, y así lograr todos la Vocación Universal.
Leemos a través de la Historia a un San Agustín, a un Santo Domingo, los dos religiosos, los dos fundadores, trabajando por el logro de la distinta encomienda personal que Dios ha dado a cada quien. Santa Rita de Casia y Santa Eduviges, las dos casadas, las dos viviendo el mismo Evangelio, pero dentro de su estado matrimonial, en ambas aparece la luz brillante de la Vocación personal.
A los estudios, los oficios, los empleados y demás, podríamos llamar vocaciones relativas, es decir, que favorecen a la vocación universal, de estado y personal: también podemos considerarlas como medios, apoyos, pero no son absolutamente necesarias, si no entran en el plan de la vocación personal del sujeto.
Importante es la vocación para el hombre en sí, como para su relación con la Iglesia, con la familia, con la sociedad, con el mundo y sobre todo con el mismo Dios.
Dios todo lo ordena con transparente y necesaria intensión y siempre con una finalidad: no pierde el tiempo, elige, acomoda, enseña e invita según los planes de su sabiduría Infinita.
A pesar del Pecado Original y de la concupiscencia del hombre, la armonía de la creación se realizaría si cada uno viviera, con rectitud y a la luz de la gracia, su propia vocación.

GRANDES VOCACIONES
Cristo, Dios Y Hombre Verdadero, quien siendo Dios es Hombre y siendo Hombre es Dios por la Unión Hipostática, misteriosamente tuvo su propia vocación en cuanto Hombre, la cual llevó hasta el fin con su absoluta determinación de DIOS-HOMBRE. La más sublime y trascendente de las vocaciones de manera infinita es: la REDENCIÓN del género humano por el camino de la cruz: sin el cumplimiento de esta expectante y misteriosa vocación, no hubiera sido posible que el hombre conociera, aceptara y llevara al éxito el llamado de Dios.
Y esto lo comprendió perfectamente la Virgen María, como Madre de Dios y de los hombres corredentora con Cristo, pues si no clavad en la Cruz, si al pie de la Cruz.
La más grande y sublime vocación de entre toda creatura corresponde a la Santísima Virgen. Después de ella, Reyna de los Cielos y de la Tierra, contemplamos a San José, en su excelsa vocación de Padre Putativo de Jesús.
San Pedro, Primer Papa, cuyo llamado se encuentra en la Revelación Divina y a quien Cristo primero invita a ser discípulo: “ tú eres Simón el hijo de Juan; tú te llamaras Cefas (que significa Pedro o Piedra)” (Juan 1-42).
Posteriormente, el mismo Cristo le profetiza el papado “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mateo 16-18).
Enseguida, en aquella Santa e inolvidable Cena Pascual, cuando Cristo instituye la Eucaristía y el Sacerdocio Católico, Pedro es ordenado Sacerdote, en unión con los demás Apóstoles: “Haced esto en memoria mía” (Luc.22-19 y 20, 1 Cor. X 24-25).
Y finalmente después de la Pasión y Muerte de Cristo, Él lo confirma como Papa en aquel bellísimo dialogo sobre el amor de todo un Dios en su creatura: “¿me amas Pedro?”. “Señor, Tú sabes que te amo” (Juan 21-15-18).
Notemos, cómo para llegar al termino de la verdadera vocación, hay que dejar que Dios nos haya conducido.
No quiero pasar por alto la gran vocación de Aristóteles, quien aún siendo pagano, con la Asistencia Divina llega al descubrimiento, a través de la razón, de un solo Dios, del alma espiritual, del premio o castigo según las obras…así construye el camino, por designios del Eterno Padre, el Doctor Angélico, quien habrá de realizar parte de su vocación Cristianizando lo Cristianizable de la filosofía Griega.
Em el tiempo y en el espacio se han truncado infinidad de vocaciones, pero igualmente, sin poderlas contar, se han realizado en pos del Arte, de la Ciencia, de la Historia, de la Filosofía, de la Salud, del remedio a la pobreza, de la lucha a favor de la de la verdad y la justicia, en todos sus aspectos. Igualmente de la fundación de nuevas Familias Religiosas, en fin…pero tanto unas como otras, para obtener éxito, primero han de considerar el verdadero llamado de Dios con la intención clara de cimentar la Fe en la familia y en la sociedad; tanto en el orden natural, como en el sobrenatural, y todo esto orientado hacia la Vocación Universal.

Continuará: ¿CUÁL FUE, ENTONCES LA VOCACIÓN DE ISABEL LA CATÓLICA?

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