viernes, 20 de diciembre de 2013

La Fe (cont).

II.- ¿QUÉ ES LA FE?


Fe, en general, es admitir lo que otro dice, por la autoridad que le reconocemos.

Escuchemos a Royo Marin "Fe, en sentido. pleno general; es el asentimiento o aceptación de un testimonio por la autoridad del que lo da" Pero la fe puede ser divina o humana: divina si creemos en Dios y en lo que Él nos ha revelado, y humana si damos fe a lo que el hombre nos enseña, tomando siempre en cuenta la autoridad que para nosotros representa. Pero como no nos interesa, por ahora la fe humana sino hablar y profundizar en la Fe divina', iniciaremos nuestro estudio definiendo y explicando la esencia de la Fe divina.

La Fe es una virtud teologal. ¿Qué es una virtud? La virtud es un hábito, y el hábito una cualidad estable que nos perfecciona. Veamos "Virtud es un hábito o disposición permanente, que nos mueve a obrar el bien y evitar el mal". ¿Porqué se dice Teologal? Porque su principio -es el mismo Dios, porque nos une directamente con Él... "La Fe con el entendimiento nos une con Dios como verdad infinita", "Por lo mismo, la Fe es una luz y conocimiento sobrenatural con que sin ver creemos lo que Dios dice y lo que la Iglesia nos propone".-

El Concilio Vaticano I se expresa así: "La Fe divina es una virtud sobrenatural por la que, con la inspiración y ayuda de la Gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por Él ha sido revelado, no por la intrínseca verdad de las cosas percibidas con la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela y que no puede engañarse ni engañamos".

En una de las persecuciones contra los cristianos en Antioquía, había un niño de siete años, preso por ser cristiano. Preguntado por el juez porqué creía las verdades de la Fe, respondió: 

- Porque mi madre me las ha enseñado. 
- Y a tu madre, ¿Quién se las enseñó? 
- La Iglesia. 
-¿Ya la Iglesia? 
- Dios; respondió certeramente el niño.

La Fe, en la Sagrada Escritura, tiene varios significados: fidelidad en el cumplimiento de las promesas para con Dios o para con los hombres; la credulidad o asentimiento de la mente a los dichos de los demás; la persuasión firme del poder, o bien se emplea en lugar de la misma conciencia; pero no olvidemos que aquí nos referimos exclusivamente a la Fe como Virtud Teologal que recibimos en el Bautismo y por lo cual el hombre asiente con firmeza a las verdades reveladas.

"Ahora bien, la Fe es base de lo que esperamos, prueba de lo que no vemos; pues por ella adquirieron gran nombre los antiguos. Por la Fe conocemos que los mundos han sido dispuestos por la palabra de Dios, de suerte que de lo invisible ha tenido origen lo visible. (Hebr. XI - 1).


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III.-EXCELENCIA DE LA FE.

La Fe, como hemos ido analizando en este sencillo escrito, es: 

1- Fuente de bienes para el alma y en consecuencia equilibrio para el cuerpo y para su vida terrena.

2.- Principio y fundamento de nuestra salvación, porque aunque no basta la Fe, ya consideramos que sin la Fe no hay donde se apoye toda la vida cristiana.

3.- Raíz para alcanzar la justificación para alcanzar la flor de la santidad y llegar al Cielo.

4.- Luz para el entendimiento, pues el entendimiento nacido para la verdad, sólo así alcanza en este valle una verdad plena, satisfactoria.

5.- Para la voluntad, gran estímulo para decidir y ordenar al entendimiento en relación con la Fe, pues nacida para el encuentro con el bien reposa en el Bien Absoluto Dios.

6.- Fuente de Consuelo: bendita Fe que unida a la Esperanza nos sostiene en los momentos dolorosos de la vida. ¡Pobres de los que no tiene Fe!

7.- Fuente de méritos, pues el que vive y trabaja de Fe vive y trabaja para Dios y el que vive y trabaja para Dios se gana el Cielo.

8.- El que vive de Fe es una Luz, ejemplo y consuelo para la Sociedad.

La Fe.

La Fe.


Es la Fe convicción de las cosas que se esperan, argumento de las que no se ven. (Hebr. XI-1).

Por Sor Clotilde García Espejel, E.D.

Edición Católica.

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A mis hermanos católicos.

A las almas ávidas de luz, que buscan sinceramente la Verdad.

La Autora.

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LA FE



I- INTRODUCCIÓN.

Son las Virtudes teologales fundamento de nuestra vida cristiana, y su práctica seguro camino para alcanzar el fin para el que fuimos creados: llegar a la Vida Eterna. Tales virtudes se denominan Fe, Esperanza y Caridad: la Fe nos lleva al conocimiento sobrenatural de Dios y de su Doctrina; la Esperanza, como su nombre lo indica, a esperar el cumplimiento seguro de las promesas divinas; y la Caridad al Amor pleno y total - que puede lograrse en este valle - de nuestro Dios y Señor, de nuestro prójimo y de todas las creaturas.

Para ser un "buen cristiano es menester armonizar la práctica de las tres virtudes Teologales: Creer, Esperar y Amar lo divino; que no es lo mismo que creer, esperar y amar lo perecedero; y aunque estos últimos conceptos nos son necesarios mientras vivamos, serán sólidos cuando creer, esperar y amar broten del Creer, Esperar y Amar.

Sin embargo, aunque en nuestras vidas es necesaria la práctica de las tres virtudes, no ignoramos que cada una tiene su misión y su destino la Fe es virtud fundamental, pues así como hablando de los Sacramentos sabemos que sin el sacramento del Bautismo no podemos recibir ningún otro, ya que el Bautismo borra el Pecado original, remite toda la pena, infunde en nuestra alma la Gracia Santificante e imprime el carácter de cristiano, nos incorpora a la Santa Iglesia y nos da el ser en el orden sobrenatural -condición esencial para ser sujeto de los otros sacramentos.- así mismo, la Fe es la Virtud fundamental sin la cual no pueden incorporarse las otras dos Virtudes.

La Fe es quien nos introduce en los Misterios de Dios: " La Fe (dice el Concilio Tridentino) es el comienzo, fundamento y raíz de la justificación, y sin ella es imposible agradar a Dios y llegar a formar parte del número de sus hijos". Y San Pablo a los Hebreos (XI - 6): "Sin la Fe es imposible agradar a Dios" Por otra parte: "Nadie puede adherirse a la Revelación evangélica como medio necesario para obtener la salvación sin la iluminación e instrucción del Espíritu Santo".

La Esperanza nos conduce a esperar en Dios, en sus Misterios, en sus promesas ...

Y la Caridad a amar a Dios y a todo lo que le pertenece y si no creo en Dios ¿cómo puedo esperar en Él y cómo he de amarlo? Así que la primera y fundamental Virtud teologal es la Fe: La Esperanza ya fundamentada en la Fe, nos da fortaleza y confianza; y la Caridad, en armonía con las otras dos, nos transforma, nos eleva y nos lleva de la mano en el proceso de la Vida Cristiana y, finalmente, al apuntar el ocaso de nuestra vida terrena, nos abre camino hacia el Cielo.

"La Fe con el entendimiento nos une a Dios como a Verdad infinita, pues nos hace conocer a Dios tal como se ha revelado, preparándonos para la unión de la Visión Beatífica. La Esperanza con la voluntad nos une a Dios como a suprema Bienaventuranza, ya que nos lo hace amar como un bien para nosotros y nos lo hace esperar con firmeza y seguridad; así como también a poner los medios para llegar a esta Bienaventuranza, y con esto nos preparamos a la plena posesión de la Bienaventuranza o plena unión con Dios. La Caridad con la voluntad nos une a Dios como a Bondad Infinita, ya que nos lo hace amar como infinitamente bueno y amable en Sí mismo y establece entre El y nosotros una santa amistad, haciéndonos vivir de su vida, ya que comenzamos a amarle como Él se ama" (Catecismo del P. Ripalda reconstruido por el Padre Luis Vega S. J. IV tomo).

Cuando por misericordia divina lleguemos al Cielo, la Fe y la Esperanza ya habrán alcanzado su objetivo y no serán necesarias; pero la caridad, no sólo permanecerá eternamente, sino que alcanzará un mayor grado de perfección.

Advertimos que la armonía de las tres Virtudes Teologales logran el crecimiento de las Virtudes Cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, así como el de toda virtud de ellas derivada.



sábado, 14 de diciembre de 2013

¿Todas las religiones son iguales? ¿Todas las religiones nos conducen a Dios? (final).

TERCERA PARTE.


Después de haber probado que la Iglesia Católica es una de las tres grandes columnas de la Religión Católica, entre las otras dos: Revelación y Magisterio; probaremos ahora, que la Religión Católica es la única por verdadera, y en verdadera porque es Divina y lo avalan sus milagros y sus profecías.

El milagro y la profecía son como la firma de Dios que dice: esta es mi Religión, estructurada para los hombres, para que en ella alcancen su fin para el que Yo los he creado.

El milagro es un hecho sensible y extraordinario, que supera las fuerzas de la naturaleza y no podemos negar los milagros obrados por nuestro Salvador durante su vida. Ejemplo: la Resurrección de Lázaro entre otros muchos y el más grande milagro que hizo Nuestro Señor Jesucristo fue el de su propia Resurrección. El milagro no destruye las leyes de la naturaleza, sino que las suspende.

Profecía es la predicción cierta de un hecho futuro que no se puede conocer naturalmente y que se realiza en la forma anunciada. Al ponderar esta definición, comprendemos que esto es de origen Divino, pues no existe hombre que pueda sin la asistencia y voluntad de Dios, profetizar.

Tanto el milagro como la profecía prueban la intervención divina, pues sólo Dios, Autor de la naturaleza, tiene poder para suspender sus leyes y sólo Dios puede con absoluta certeza conocer los hechos que dependen de la libre voluntad de Dios o del hombre.

En el Antiguo Testamento se profetiza la llegada de Cristo, cumpliéndose infaliblemente en el Nuevo Testamento: "He aquí que una Virgen concebirá y dará a luz un Hijo que será llamado Emmanuel, es decir Dios con nosotros" (Isaías VII-14, Mat I-23).

Miqueas anuncia que el Mesías nacerá en Belén y en Belén precisamente nació Jesús y este nacimiento lo consigna incluso la historia profana (V-2) "Una estrella saldrá de Jacob, un cetro se levantará de Israel" (Num XXIV-17).

"No temas María, concebirás y darás a luz un Hijo y lo llamarás Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo y Dios le dará el trono de David, su padre; reinará en la casa de Jacob, para siempre y su Reino no tendrá fin (Lc I-30-33).

"Dios mismo vendrá y os salvará. Entonces, los ojos de los ciegos serán abiertos, los sordos oirán, el cojo saltará como un ciervo, y la lengua de los mudos será desatada (lsaías XXXV, 4-6; Zac IX-9; XI-13) en esos textos encontrarían las predicciones de Zacarías en el Antiguo Testamento sobre su entrada triunfal en Jerusalén y sobre el dinero entregado a Judas y encontrando su cumplimiento en el Nuevo Testamento. Y así, la Pasión, Muerte y Resurrección, las encontramos profetizadas en el A.T y realizadas en el N.T.

El mismo Jesucristo profetizó acerca de Sí mismo, de sus discípulos, de los judíos, de su Iglesia ...

El Establecimiento de la Religión Cristiana es un hecho irrefutable, con todos sus triunfos y lágrimas, encontrando su presencia perenne a pesar de todos los embates de los enemigos.

Cuántas almas, sobre todo en los primeros tiempos, dieron la vida por Cristo, por su Iglesia, por su Religión.

¡Qué diremos de tanto Santo, de tantos hombres y mujeres que en distintas edades y circunstancias se han entregado a Dios para cumplir el "ser perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto" y cuántos, no sólo santos, sino sabios, Lumbreras no sólo vistos dentro de la Iglesia, sino admirados y reconocidos por el mundo!

¡Y la excelencia de la Doctrina Cristiana, incomparable que mejora a los hombres, los hace dichosos, los ilumina! Doctrina cuyo Dogma eleva y enaltece, cuya moral es pura y equilibra al hombre y cuyo culto es excelso y Divino.

En fin, ¡cuántas cosas podríamos decir, cuántas contemplar, cuántas probar!

Ahora, ¿después de tanta consideración, seguirán repitiendo: "que todas las religiones son buenas, que todas nos conducen a Dios"?

Si insisten les contestaré: ¿Conque todas las religiones son buenas y todas nos llevan a Dios? ¿A Dios? ¿A cuál dios? ¡Pues qué dios tan pluralista y tan falsamente universal! Oír "Dogma", es pensar sin reparo en algo perenne, inmutable. Dogma, decimos, es la revelación de una verdad; es la parte de la ciencia de la Religión que nos enseña a Dios eterno, justo, inmutable, infinito, omnisciente, sapientísimo, veraz, fiel, omnipotente, inmenso, uno y con El toda la verdad revelada.


Y Dios inmutable, sabio, veraz, fiel, que es por esencia, no por accidente, por no ser cualidades que se le atribuyan, sino perfecciones de su Esencia Divina ¿Es El quien ha permitido un maremágnum de religiones, y quien garantiza que cualquiera de ellas conduce a El? ¿Dónde quedó el Único Camino, la Única Verdad, la Única Vida, si se convierte en varios caminos, verdades y vidas?

¿Dónde está el Dios veraz, con varias y contradictorias verdades sobre su propia esencia, su creación y su palabra? ¿Dónde está el Dios Inmutable si varía, y promete lo mismo para la Religión fundada por El y las que por error, malicia, soberbia, espíritu de contradicción o maldad, han estructurado los hombres?

El Dios fiel a su palabra, ¿así jugará con los conceptos?

Si así fuera, ¿qué objeto tendría luchar por la Verdad, si aparte existiera otra "verdad", la que cada religión se adjudica para sí?

Lo mismo daría ser 'Testigo de Jehová" negando el fundamental, extraordinario y embelesador Misterio de la Santísima Trinidad, que vivir en Gracia gozando de la Inhabitación de la Santísima Trinidad.

Lo mismo daría creer en la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, que decir que fue el primer comunista, que fue otro profeta como Mahoma, que es superhombre pero no Dios... Lo mismo sería afirmar que iría al Cielo el hombre casto santamente casado con su única esposa, igualmente que el degenerado Mormón con su harem. Llegaríamos a nuestro fin último adorando a Jesús Sacramentado; tanto como si negáramos rabiosamente su Presencia Real en la Santísima Eucaristía; y sería lo mismo prender una veladora al repugnante ídolo de Suda, que adorar al Padre en Espíritu y en Verdad.

¡Ay...! ¡Qué horror perder la identidad católica para naufragar en un sincretismo religioso o para ser un solapador servil de todas las que se dicen "religiones"!

Y de otras, que ni siquiera pueden autonombrarse religiones, pues son nidos de ateos (no de los que dan "gracias a dios" de serlo, sino de verdaderos ateos), entre los cuáles hay feroces perseguidores de nuestra Santa Fe católica, que usan hoy de su astucia y sutileza. Pero hoy, negando la caridad para los propios, la prodigamos a los extraños y nos convertimos en cómplices y camaradas de todo hombre aunque éste vuelva la espalda a Dios.

Reflexionemos, por estos contrastes y contradicciones, si serán de buena fe los que dicen que todas las religiones son buenas y todas nos llevan a Dios.

Es insólito que el mundo de hoy pueda ver con indiferencia la confusión que muchos propician entre la verdad objetiva y la verdad subjetiva, y peor aún, entre la verdad y la mentira. Tratar de conciliar estos términos y vivir en aparente paz, es desconocer el principio, la naturaleza y el fin del hombre, cuya felicidad sólo puede vivirla en el encuentro con la Verdad y en el abrazo con el Bien.

Que el Espíritu Santo, unido al Padre Eterno y a Jesucristo Nuestro Señor, nos guarde de perder la Fe, aunque todos crean que tenemos perdida la cabeza.


Sor Clotilde García Espejel, E.D.


¿Todas las religiones son iguales? ¿Todas las religiones nos conducen a Dios? (cont).

INFALIBLE.


¿En qué consiste la infalibilidad de la Iglesia? En que la Iglesia jamás puede equivocarse cuando enseña las verdades que hay que creer, los deberes que hay que cumplir, y el culto que hay que dar a Dios.

La Doctrina de la Iglesia, en lo que concierne al Dogma, a la Moral y al Culto, como es Revelación Divina, es perfecta en sí misma e infalible, Jesucristo, infalible por naturaleza, participa de su infalibilidad a su Iglesia, y en Ella, directamente al sumo Pontífice su Vicario, pero con las debidas condiciones.

Cuando el Papa habla en nombre de Dios y de la Iglesia, no como maestro común, sino como Doctor Universal, sobre asuntos de Fe y Costumbres, se dice que entonces habla "Ex-Cáthedra" (Desde la Cátedra por excelencia).

En otras cosas, y aún en las de Fe y Costumbres, si habla como persona particular, podría equivocarse, sin más trascendencia que no fuera la demostración de la miseria humana.

Tengamos presente que esta infalibilidad "Ex-Cáthedra" es participada por Jesucristo y siempre con la asistencia del Espíritu Santo; y se hace necesaria porque de ello depende la credibilidad de la Iglesia y la salvación de las almas. Va en ello la veracidad del mismo Dios, que prometió ratificar en el Cielo cuanto su Vicario en la tierra atara o desatara.

De igual prerrogativa gozan los Obispos reunidos en Concilio Ecuménico bajo la presidencia del Papa.

Por tanto, Obispos, Sacerdotes, Religiosos y todos los fieles en general, están obligados a  no salirse de la auténtica doctrina, y se han de sujetar a las definiciones dogmáticas y enseñanzas "Ex-Cáthedra" del sumo Pontífice y de los Concilios Ecuménicos.

Manchando la historia de la Iglesia está Martín Lutero, Sacerdote regular de la Orden Agustina, quien rompió con la Doctrina Infalible, con la Autoridad Papal, y cayó en espantosas herejías y se hizo una nueva religión a su gusto, la Luterana.

Nadie se pierde, repito, si vive conforme a las enseñanzas de ayer, de hoy y de siempre, de la Iglesia Infalible, Una, Santa, Católica y Apostólica.

Jesucristo ha entregado a la Iglesia el Depósito de la Revelación para que la transmita en su integridad a todas las generaciones; pero Ella no la podrá transmitir si está expuesta a engaños. Por esto, una de sus cualidades o propiedades es la infalibilidad, ya que ha de ser siempre fiel custodia del Sagrado Depósito de la Fe.

Si existe otra Iglesia que sea Una, Santa, Católica y Apostólica y que, además posea en sí y en su religión las propiedades de Visible, Perpetua, Invariable e Infalible, que me la muestren y luego me la demuestren. Pero como esto es imposible, me quedo con mi Iglesia, la única que fundó Jesucristo, amándola entrañablemente.

La Iglesia, además de ser Madre y custodia de nuestra Doctrina, es Maestra entregándonos mediante el Magisterio Eclesiástico, la Revelación divina Pública.

¿Qué es el Magisterio Eclesiástico? El Magisterio Eclesiástico es la misión encomendada y la capacidad infundida por Cristo a los Apóstoles y sus sucesores, de enseñar con autoridad suprema la verdadera Doctrina y las prácticas conducentes a la salvación eterna.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Todas las religiones son iguales? ¿Todas las religiones nos conducen a Dios? (cont).

INVARIABLE.

La Iglesia es estable, no estática; es invariable, no rutinaria. Su invariabilidad consiste en la conservación perenne del Dogma, la Moral y el Culto y de su estructura interna.

No cambian los dogmas, es decir, las verdades de la Fe, ni los Misterios, no digo en su esencia; ni siquiera en la forma o expresión, si el cambio, aunque fuera accidental, pudiera inducir a error o confusión.

Los principales Misterios, como el de la Santísima Trinidad (Tres Personas en una sola Esencia Divina); la Encarnación (El Verbo que, mediante la Unión Hipostática se hace Hombre en el Seno Virginal de María); la Redención (Dios-Hombre que sufre y muere en la Cruz para redimir al género humano); la Transubstanciación (cambio de las substancias de pan y vino por el Cuerpo y la Sangre de Cristo en fuerza de las palabras consagratorias en la Misa ...) Estos Misterios, como otros, son inconmovibles e irrefutables, y el que se atreva a negarlos o a desviar su sentido, es hereje e impío.

Las Verdades Dogmáticas, como la Presencia Real de Jesucristo en el Sagrario, la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, su Asunción en cuerpo y alma, la existencia del Purgatorio, la realidad y eternidad del infierno, entre otros muchos, son irrefutables; inadmisibles de negarlos o variarlos. Advirtiendo que siempre han existido en el depósito de la Revelación, y la Iglesia los ha proclamado en el momento oportuno.

La Moral, que contiene preceptos, no puede interpretarse según los tiempos. Dios en la Revelación y la Iglesia en Nombre de Dios, nos presenta los Mandamientos, los cuáles son de ayer, de hoy y de siempre. Decir que ya no es pecado lo que antes sí fue, es un craso error. ¡Irreparable sorpresa llevarán al llegar a la eternidad, aquellos que aseveran que por ser otros tiempos, ya podemos pecar!

La Ley de Dios y de la Iglesia se hicieron para el hombre, tomando en cuenta su naturaleza; sólo que el hombre dejara de serlo, se libraría de la obligación de cumplir los Mandamientos. Pero como es imposible lo primero, resulta imposible lo segundo.

Los Sacramentos, como que fueron instituidos por Nuestro Señor Jesucristo, son de derecho Divino; y serán siempre los mismos hasta el fin del mundo, sin cambiar en su esencia o en su finalidad.

La Santa Misa fué, es y será el mismo Único Sacrificio de Cristo en el Calvario, pero de manera incruenta, y nada de que ahora ya es "la Palabra de Dios", "la Asamblea", "la Comida", "el Banquete", "la Fiesta" ... No, señores. Eso denuncia ignorancia de la intención redentora de Cristo, y ansia irreprimible de novedades.

¿Qué sucedería con una Iglesia cambiante y tornadiza? Que, además de no ser verdadera, nos llevaría a la más espantosa confusión, debilidad, revolución y anarquía.

Es verdad, como antes dije, que la Iglesia admite desenvolvimiento en el Dogma y en su expresión, pero tal desenvolvimiento no consiste en que se admitan verdades nuevas o extrañas, o que haya cambiado la esencia o el sentido de los Dogmas, contenidos en la revelación, o de su práctica o expresión; sino que se han ido enseñando y expresando en forma cada vez más clara y explícita. En todo esto no hay negación o contradicción.

Por ejemplo: La Sagrada Escritura enseña que existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y sin ser tres dioses, son el mismo Dios. La Teología se fue desenvolviendo hasta encontrar la fórmula adecuada para enseñar que en Dios hay tres Personas distintas, inconfundibles, pero consubstanciales; es decir: Uno en Esencia y Trino en Personas, lo mismo que se ha enseñado en todos los siglos.

Esa invariabilidad, que es estabilidad, es lo que dá al Católico alegría y seguridad. Sin embargo, al hombre de hoy no le importa la verdad. Lo mismo le da ser Católico que budista o mahometano; lo mismo le da probar cualquier secta del mediocre protestantismo, y hasta llega a ver con indiferencia los mayúsculos engaños de los Testigos de Jehová, secta que expresa el colmo de los dislates de un protestantismo judaizante.

A esta frialdad e indiferencia se le llama "respeto" hacia los demás y poco importa la moralidad -ya no digo inmoralidad- de nuestros tiempos, sociedad aburguesada, muy ajena a la Doctrina del Verdadero Dios.

No busquemos el remedio a nuestros males en falsas apreciaciones o en ciertos medios. El origen de todos los derrumbes de la humanidad está en haber roto con las columnas que nos sostenían: el Bien y la Verdad. Que el mundo busque a Dios -no a "su dios"- verá que todo se transforma y endereza.