sábado, 16 de agosto de 2014

Espiritualidad y convivencia en el matrimonio.

Para que los jóvenes se libren de este fracaso en su futuro matrimonio, y para que los ya casados, logren enderezar sus pasos, les envío el presente mensaje que escribo cariñosa y respetuosamente. En este mensaje voy a exponer algunos puntos que motiven a los cónyuges a vivir una vida centrada en Dios.

Hablaré primero del aspecto sobrenatural, y luego, de lo correspondiente a lo natural.


I. - ESPIRITUALIDAD DEL MATRIMONIO.

1.- Matrimonio y Vocación.

¿Qué es la Vocación?
a) Vocación Universal.
b) Vocación Personal.
c ) Estados de vida: Religiosa - célibe - conyugal o matrimonial.
d) Vocación del Cónyuge.
e) Conclusión: Vida interior - vida responsable - vida generosa.

2.- Matrimonio y Sacramento.

a) ¿Qué es el Sacramento? Alianza, definición, conjugium (yugo); nupcias (nubeo) .
b) Acción de casarse: Natural Sagrado - Sacramental - Civil
c) La Espiritualidad del Sacramento: Fundamento - Apoyo - Ascensor.

3.- Matrimonio y Redención.

a) Pecado Original.
b) Necesidad de la Redención.
c) Redención de Cristo por el hombre.
d) Redención del hombre en Cristo para el hombre.
e) Matrimonio y Redención.
f) La Oración.

4.- Frases.


EL MATRIMONIO COMO VOCACIÓN.

VOCACIÓN del verbo latino vocare, que quiere decir llamar, invitar, significa: Llamado. Invitación.
Ningún ser humano puede dar la Vocación: sólo Dios es quien puede llamar hacia un camino, sea cual fuere; y si alguien nos llamara solo podrá hacerla en el Nombre de Dios, como cuando el Obispo llama a un joven al Sacerdocio. Cuando Dios llama a tomar un sendero, es porque antes Él nos ha dado aptitudes y gracia para seguirle; por eso es importantísimo seguir la vocación. Dios, quien jamás se equivoca ni quiere nuestro mal, al llamamos, sabe que ha escogido para nosotros lo mejor y toca al hombre, con el don de la libertad, elegir el camino al que Dios lo llama, o bien, escoger otro sendero y hacerse así plenamente responsable de su propia salvación.

Después de ver someramente lo que es la vocación vamos a clasificarla:

El hombre, todo hombre, fue creado para amar y servir a Dios en esta vida y después verle y gozarle en la otra. Persona que no cumple con esa voluntad de Dios frustra la trayectoria y el fin de su existencia.

Hemos olvidado a Dios, principio y fin de nuestra vida y con ello despreciamos nuestra auténtica vocación: la de ser llamados a la plenitud de la felicidad mediante el cumplimiento de la Voluntad de Dios, que constituye su gloria y nuestra propia santificación.

Pero para cumplir con la Vocación Universal ya advertimos que hay que identificar nuestra voluntad con la de Nuestro Señor, por consiguiente, hay que tomar en cuenta la vocación personal que corresponde a la toma de Estado; y si es verdad que no, necesariamente, nos condenamos si nos equivocamos de estado o si no queremos seguirlo, del mismo modo es cierto que se hace más dificultosa la salvación, y no realizamos el ajuste y adaptación personal que son necesariamente para la madurez humana y que nos logra la verdadera felicidad, proyectando, al mismo tiempo, la felicidad en los nuestros y en los demás.


Estados de Vida: Los Estados de Vida son tres:

a) Vocación Sacerdotal o religiosa;
b) Vocación al celibato;
c) Vocación al Matrimonio.

1.-- El Estado a la Vida Sacerdotal es un estado de entrega total a Dios y al prójimo; y aunque un sacerdote y un religioso o religiosa pudieran llegar al Infierno, sin embargo, este estado, en sí, es el más bello, el más sublime, porque depende absoluta y plenamente de Dios. Es Dogma de Fe que la Vida Religiosa constituida por los tres Votos: Pobreza, Castidad y Obediencia es el Estado más perfecto y el más amado por Dios; e incluso para aquellos religiosos que no llevaron su vida de acuerdo con los Consejos Evangélicos y no sirvieron fervorosamente a Dios habrá en el Cielo un lugar especial: "Estos siguen al Cordero a dondequiera que vaya, y han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero". (Apoc. XIV-4).

2.-- El Celibato: es el estado de las personas que ni son religiosas ni son casadas, pero que viven en castidad. De este estado huyen los insensatos, y huyen por la puerta falsa olvidando que, como dejamos dicho al principio, la vocación es un llamado, un llamado al cumplimiento de la voluntad divina, que nos facilita la salvación. El mundo es cruel y comete el desatino de burlarse de los escogidos para el celibato y de ese modo los obliga, a veces, a huir de su verdadera vocación. Conozco, sin embargo, a muchos célibes que, viviendo en castidad y tomando con amor su vocación, se han entregado a causas nobles. Dios· se vale de muchos medios para invitar al celibato.

3.-- El Estado del Matrimonio es la vocación que lleva a unirse sacramentalmente con otra persona de sexo contrario, para formar un hogar, procrear hijos y así, constituir una familia Cristiana en la cual, todos unidos glorifiquen a Dios y se santifiquen.

Con esto comprenderán que el casarse no es casarse por casarse, sino que hay que estar seguro de que esa es la verdadera vocación. Hay que elegir con sabiduría el estado que Dios quiere y así realizarse en él, con entrega, abnegación y perseverancia, logrando así la plenitud personal y la de los suyos.

Muchos, desgraciadamente, van al matrimonio porque les parece que su centro y sus alrededores despiden hedor de carne y pasión. Ya no se despierta en los jóvenes otro tipo de ideales. ¡Cuántos van al matrimonio sin haber sido llamados!

Desgraciadamente, hoy, la inmensa mayoría va al matrimonio, y digo desgraciadamente, por dos motivos:

1.- Porque muchos van a él sin vocación; sólo porque todos van;

2.- Porque muchos de los que toman ese estado verdaderamente llamados, así como los equivocados, no llevan la recta intención de formar un hogar, sino esperando su unión para degenerarse en la carne. Claro que hay honrosas excepciones.

De suma importancia es que al hablar de vocación matrimonial, se tome en cuenta a quién se ha de elegir ya que eso entra indudablemente en los altos designios de Dios. No se elige porque sí o por causas secundarias; es menester convencerse de que la persona señalada para compañero o compañera de la vida, sea elegida según la voluntad de Dios, y no sea simplemente una necedad, obstinación, sentimentalismo. Estos errores se pagan con lágrimas, frustraciones, desesperanzas y, lo que es peor, pagan también los pobrecitos hijos, nuevos seres, victimas de fracasos ajenos.

¡Qué difícil parece todo esto! Mas no será difícil si se encomiendan a Dios, si como verdaderos cristianos viven sensatamente, no se integran a las masas, desarrollan su propia personalidad, no desprecian los consejos de los mayores y, por sobre todas las cosas, buscan a Dios orando, pidiéndole luces y sometiéndose al beneplácito divino.


El que no quiera lágrimas, que no se empeñe en salir con su propio plan, sino que procure llevar a cabo el Plan de Dios.

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