miércoles, 8 de abril de 2015

Muerte y Castigo del Calumniador(cont.)

Falso Testimonio
Contiene una triple culpabilidad: De mentira testificando contra la verdad; de perjurio quebrantando el juramento de decir verdad; por esto siempre es pecado grave; de injusticia por el daño que causa al acusado por lo menos en su reputación.

Contiene una triple ofensa, ultraje a Dios a cuya presencia deshonra poniéndolo por testigo de lo falso; engaña al juez o testigo, al acusado le arruina la vida y a la sociedad la engaña injustamente.

Lo esencial del falso testimonio es testificar con mentira. La injusticia al individuo y a la sociedad siempre la hay.

Por todo esto es especialmente odiado por Dios: "un calumniador testimonial no quedará sin castigo" (Prov. XIX). "El que levanta falso testimonio perecerá" (Prov. XXI, 28) "No tendrás ninguna compasión del falso testimoniador; le quitarás alma por alma, ojo por ojo, diente por diente" (Deut. XIX, 18).

Las leyes humanas han castigado siempre con severidad el falso testimonio

                            EJEMPLOS:

SECRETO

El Secreto de Wilkins.   - Wilkins, caballero Inglés que cayó en desgracia del Rey, fue desterrado a la isla de Jersey. Desamparado y sin amigos se consumía de tristeza. Antes de marchar al destierro había confiado la educación de su hijo único a uno de sus amigos, y la muerte de este le determino a volver secretamente a Londres, a fin de arreglar sus negocios, recoger sus fondos y retirarse con su hijo. Lord Tharley le ofreció su casa; y Wilkins, disfrazado, se hospedó allí; redondeó sus asuntos y dispuso su partida para el día siguiente. Se felicitaba del buen éxito, cuando entre en la casa el joven Cercey, quien al ver a Wilkins, luego lo reconoció. Este confiesa que se halla de incógnito en Londres, a donde ha venido con el objeto de recoger los restos de su fortuna. Le recomienda el secreto y el duque de Cercey le da su palabra de guardarlo. Luego que Cercey sale de la casa, encuentra a uno de sus amigos a quien le cuenta todo.

RESTRICCIÓN MENTAL

Huida de S. Atanasio. Este santo era muy perseguido por los Arrianos. Una vez iba huyendo de los que lo perseguían navegando por un río. Habiendo llegado a cierto paraje del río, dio orden al piloto para que se volviese y saliese al encuentro de los perseguidores. Al acercarse a ellos, éstos preguntaron si habían visto al Obispo Atanasio. A lo cual respondió el mismo Atanasio: hace poco tiempo él pasó precisamente por este mismo sitio yendo río abajo. Lo que era verdad. Así se salvó de los que lo perseguían.

SOSPECHA TEMERARIA

Luis el Severo.- Hacia el año 1255, estando este duque de Bavaria en una de las provincias del Rhin, recibió por equivocación una carta de su esposa dirigida a uno de los oficiales. Como la carta contenía alguna muestra de aprecio, el duque supuso que su esposa le había traicionado. Unos sombríos celos se apoderaron de su corazón. Se apresuró a volverse a su casa, al entrar en su castillo lleno de ira mató a una persona. Después mandó encarcelar a su mujer, y al día siguiente, sin tener en cuenta la justicia, la mandó decapitar. El miserable llegó después a enterarse de que su esposa era inocente, pero era ya tarde. Se afligió tanto que una noche se le puso toda la cabeza blanca.

JUICIO TEMERARIO

El platero y su aprendiz. Un platero tenía un aprendiz, muchacho honrado y activo. Cierta vez descubrió el amo unas gemas en una pequeña hendidura de la ventana del muchacho. Lo tuvo por ladrón y lo echó de su casa, a pesar de los lloros y protestas del muchacho. Andando el tiempo, otras gemas fueron encontradas en la misma ventana. Indagaron la causa de eso y llegaron a ver que una urraca había llevado esas gemas a la ventana, pues solía ir el pájaro al muchacho que la estaba amansando. Quedó muy apenado el platero, pero ya era tarde. La sospecha es como el veneno que hiere al malo, pero también al bueno.

MURMURACIÓN


El Prior y los Solitarios. Este era un santo severo consigo mismo y muy caritativo con los demás. Un día que se halló presente a una asamblea de solitarios del desierto, después de tratar de varias materias de piedad, algunos de los monjes empezaron a hablar de ciertas faltas graves de un hermano ausente. El prior al principio guardó silencio; pero viendo que ellos continuaban esa plática dejó la asamblea. Ya afuera cogió un saco y lo llenó de arena y luego una canasta donde echó poca arena. Se echó el saco a la espalda y con la canasta en la mano entró de nuevo en la asamblea, que admirada al verlo en esas fachas le preguntó que significaba aquello. - Ay, dijo suspirando, este saco de arena representa mis innumerables pecados y faltas; pero tengo cuidado de echármelo a la espalda para no verlos; y este canasto que contiene poca arena; representa los pecados de los demás, que tengo delante de los ojos para juzgarlos y condenarlos. Estas palabras tan ingeniosas y verdaderas, movieron a los solitarios y no volvieron a hablar de las faltas ajenas.

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