martes, 2 de agosto de 2016

"Pensamiento de León XIII y los Divino y Humano en el Matrimonio"



EL MATRIMONIO CRISTIANO.
CASTI CONNUBII
Pío XI, 31 de diciembre de 1930.

                   PENSAMIENTO DE LEÓN XIII.

         9. – “No hay duda de que, para elegir el género de vida, está en el arbitrio y voluntad propia una de estas dos cosas: o seguir el consejo de guardar virginidad dado por Jesucristo, u obligarse con el vínculo matrimonial. Ninguna ley humana puede privar a un hombre del derecho natural y originario de casarse, ni de circunscribir en manera alguna la razón principal de las nupcias, establecidas por Dios desde el principio: Creced y multiplicaos”.

         En épocas muy antiguas y, de vez en cuando, solían los padres de familia escoger a la joven o al joven que convenía a sus intereses, para que contrajeran nupcias con el hijo o con la hija.  Igualmente enviaban a los conventos forzadamente, a tomar los hábitos, a sus hijas. No era fácil, ni conozco un caso, en que hubieran obligado a un joven a seguir la Vocación Sacerdotal; aunque sí pudieron influenciarlo. Pues bien, en cualquiera de estos casos, el Sacramento quedaba inválido por la falta de elección voluntaria; ya sea para el matrimonio, la Profesión Religiosa y, peor aún, refiriéndonos a la Ordenación Sacerdotal.

         No debe haber influencia ni menos mandato obligatorio, pues es él o ella, quienes deben responder voluntariamente al camino al que son llamados por Dios. Incluso, se puede aconsejar o sugerir, al candidato al matrimonio, la persona que puede convenirle y, a quien es candidato a la Vida Consagrada también se le puede insinuar rectamente la Congregación u Orden Religiosa, pero jamás imponérsela.  
        

LO DIVINO Y LO HUMANO EN EL MATRIMONIO.

         10. – “Hállase, por tanto, constituido el sagrado consorcio del legítimo matrimonio por la voluntad divina a la vez que por la humana; de Dios es la institución, los fines, las leyes, los bienes del matrimonio; de los hombres, en cuanto que hacen una generosa entrega de su propia persona y para toda la vida a otra persona, es, por donación y cooperación de Dios, todo matrimonio particular, con los deberes y beneficios por el Señor establecidos”.

          Dios, autor del matrimonio, insertó en él los fines, las leyes, los bienes… por tanto, los candidatos deben aceptar, no sólo el sí pleno del Sacramento; sino todas sus responsabilidades y condiciones.

Continúa.                                                                                Sor Clotilde.




 



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