miércoles, 28 de diciembre de 2016

Errores Modernos Encíclica "Humani Generis"




ERRORES MODERNOS.
(Encíclica “Humani Generis”)
Pío XII






Venerables hermanos:

Salud y Bendición Apostólica.

         1.- Las dimensiones y errores del género humano en las cuestiones religiosas y morales han sido siempre fuente y causa de intenso dolor para todas las personas de buena voluntad y principalmente para los hijos fieles y sinceros de la Iglesia; pero en especial lo es hoy, cuando vemos combatidos aun los principios mismos de la cultura cristiana.

         2. – Nada de admirar es que haya siempre dimensiones y errores fuera del redil de Cristo. Porque, aun cuando realmente la razón humana, con sus fuerzas y su luz natural, pueda en absoluto llegar al conocimiento verdadero y cierto de un Dios único y personal, que con su Providencia sostiene y gobierna al mundo, y así mismo de la ley natural, impresa en el Creador de nuestras almas; sin embargo, no son pocos los obstáculos que impiden a la razón el empleo eficaz y fructuoso de esta su potencia natural. Porque las verdades que se refieren a Dios y a las relaciones entre los hombres y Dios, rebasan completamente el orden de los seres sensibles, y, cuando entran en práctica de la vida y la informan, exigen el sacrificio y la abnegación de tales verdades, ya por la acción de los sentidos y la imaginación, ya por las malas concupiscencias nacidas del pecado original. Lo cual hace de los hombres en semejantes materias fácilmente se persuadan ser falsos o dudoso lo que no quieren que sea verdadero.

         3. – Por esto se debe sostener que la Revelación Divina es moralmente necesaria, para que, aun en el estado actual del género humano, todos pueden conocer, con facilidad, con firme certeza y sin ningún error, las verdades religiosas y morales que no son de suyo incomprensibles a la razón.


         4. – Más aún, a veces la mente humana puede encontrar dificultad aun para formarse un juicio cierto sobre la credibilidad de la fe católica, no obstante los muchos y admirables inicios externos ordenados por Dios para poder probar ciertamente, por medio de ellos, el origen divino de la religión cristiana, con la sola luz natural de la razón; puesto que el hombre, o porque se deja llevar de prejuicios o porque le instigan las pasiones y la mala voluntad, puede, no sólo negar la evidencia de esos inicios externos, sino también resistir a las inspiraciones sobrenaturales que Dios infunde en nuestras almas. 



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