sábado, 12 de agosto de 2017

"La Santa Misa: Origen Histórico de los sacrificios"




LA SANTA MISA

  




  
ORIGEN HISTÓRICO DE LOS SACRIFICIOS.

El origen histórico de los sacrificios lo encontramos en nuestros primeros padres Adán y Eva, quiénes aún sin haber pecado, podían ofrecer sacrificios de alabanza, adoración y gratitud. Pero, indudablemente, después de haber pecado y haber ofendido a su Creador, tuvieron, no solo que alabar, adorar y agradecer al Creador sino a desagraviar por su pecado a la Omnipotencia Divina y pedir perdón y misericordia. La Sagrada Escritura expresa que los hijos de Adán y Eva sobre todo Caín y Abel ofrecían sacrificios a Dios.
Aconteció al cabo de mucho tiempo que Caín ofreció al Señor ofrenda de los frutos de la tierra, igualmente Abel ofreció de los primerizos de su ganado y de lo mejor de ellos, y así lo leemos en el Génesis IV,3-4.

Ellos como todo hombre, llevaban en la naturaleza la necesidad de alabar y reverenciar a Dios, pero es obvio que el despertar de esas ofrendas tuvieron que enseñárselas sus propios padres Adán y Eva. Posteriormente, abundan las manifestaciones sacrificables, veamos:

LEVíTICO

I. RITUAL DE LOS SACRIFICIOS.

Los holocaustos “Llamó Yahvéh a Moisés y le habló así desde la Tienda de Reunión: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de vosotros presente a Yahvéh una ofrenda de ganado, podréis ofrecerle reses mayores o menores.

Si su ofrenda es de ganado mayor, para holocausto, ofrecerá un macho sin defecto; lo ofrecerá a la entrada de la Tienda de Reunión, para sea grato ante Yahvéh. Impondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y le será aceptada para que le sirva de expiación. Inmolará el novillo ante Yahvéh; los hijos de Aarón, los sacerdotes, ofrecerán la sangre y la derramarán sobre todos los lados del altar situado a la entrada de la Tienda de Reunión. Desollará después la víctima y la despedazará en porciones; los hijos de Aarón, los sacerdotes, pondrán fuego sobre el altar y colocarán leña sobre el fuego; luego, los hijos de Aarón, los sacerdotes, dispondrán las porciones, la cabeza y el sebo, encima de la leña colocada sobre el fuego del altar. El lavará con agua las entrañas y las patas; el sacerdote lo quemará todo en el altar. Este holocausto será un manjar abrazado de calmante aroma para Yahvéh.

Si su ofrenda es de ganado menor, de corderos o de cabras, para holocausto, ofrecerá un macho sin defecto. Lo inmolará ante Yahvéh al lado septentrional del altar; y los hijos de Aarón, los sacerdotes, derramarán la sangre sobre todos los lados del altar. Luego lo despedazará, con la cabeza y el sebo, encima de la leña colocada sobre el fuego del altar. El oferente lavará con agua las entrañas y las patas, el sacerdote lo ofrecerá todo y lo quemará en el altar, descervigará con las uñas su cabeza y la quemará en el altar; su sangre será exprimida sobre el lateral del altar. Quitará entonces el buche con sus residuos y los arrojará al lado oriental del altar, al lugar de la grasa incinerada. Abrirá el ave entre las alas, sin llegar a partirla; el sacerdote la quemará en el altar, encima de la leña colocada sobre el fuego. Este holocausto será un manjar abrasado de calmante aroma para Yahvéh.

La oblación.

Cuando alguien ofrezca a Yahvéh una oblación, su ofrenda consistirá en flor de harina, sobre la que derramará aceite y pondrá incienso. La llevará a los hijos de Aarón, a los sacerdotes; el oferente tomará un puñado de la harina con aceite y todo el incienso; el sacerdote lo quemará en el altar como memorial, manjar abrasado de calmante aroma para Yahvéh. El resto de la oblación quedará para Aarón y para sus hijos, como porción sacratísima del manjar abrazado para Yahvéh” (Lev. I, 1-14; II, 1-3).

 En Romanos, “leemos la ley del Sacrificio de las libaciones que han de ofrecer los hijos de Aarón, en presencia del Señor y del Altar: En ésta tomará el Sacerdote un puñado de flor de harina, mezclado con aceite y todo el incienso que se haya puesto encima lo quemará en el Altar en memoria y olor suavísimo del Señor. Esto es lo que se ha de ofrecer en el Altar: dos corderos primarios cada día perpetuamente: un cordero por la mañana y otro por la tarde, con un cordero ofrecerá la décima parte de un médium de la flor de harina de trigo amasado con aceite de olivo y podríamos llenar las hojas de los Sacrificios lícitos de la antigua ley”.

“El reconocimiento de nuestras miserias, la necesidad de expresar nuestro amor a la manera de Dios; la gratitud por tanto beneficio recibido, el reconocimiento al Eterno Padre y la necesidad de misericordia, por ello “Los Sacrificios se hacen anualmente por la memoria de los pecadores” (Hebreos 10,3)

“Y si Dios puso en la naturaleza humana la necesidad del Sacrificio para ofrecérselo a su majestad, Dios aprueba todo buen sacrificio, por ejemplo: vemos la aceptación para Noé, quién terminado el diluvio edifica un Altar al Señor y le ofrece holocausto sobre el Altar, y el Señor se complació de ese sacrificio, es notable como Dios mismo exige en ocasiones sacrificio, como sucedió con Abraham” (Génesis 22).

Los judíos recibieron preceptos por medio de Moisés sobre los Sacrificios, con todo esto probamos que el Sacrificio nace con las primeras criaturas humanas, sembrada la necesidad en su propia naturaleza por el mismo Dios, quién nos ha creado para amarle y servirle en esta vida, y después de verle y gozarle en la otra.

Sin embargo, como lo que el hombre toca, igual puede hacerlo Santo ó corromperlo degradó el mismo Sacrificio en su objeto, sus fines y sus medios. Fue la conducta del hombre, quién relajando el verdadero Sacrificio, resbaló a lo falso, abriendo así las puertas a satanás, quién usurpando el concepto y el hecho ha logrado en el curso de la vida del hombre una suplantación del Dios verdadero, hasta la más horrible secta obscura, para llegar a la actualidad y hacer de cualquier afición como el futbol ó pasión como es la sexualidad su propio dios. Algo, que podemos decir, casi universal y verdaderamente trascendente es la exaltación del ego “quién más, quién menos” quién ha hecho del hombre su propio dios. Actualmente, la criatura humana, vive y actúa sobre el recuerdo y la doctrina del mismo dios.

Sin embargo, todo Sacrificio expresado en el Antiguo Testamento, únicamente fue una figura un Sacrificio de Cristo en la Cruz: Todos los Sacrificios de la Antigua Ley, fueron ofrendados al Dios verdadero, los cuales eran abundantes, no cabe duda de que en el Antiguo Testamento contemplamos correr la sangre de animales ofrendados al Dios Eterno y verdadero. El Antiguo Testamento está lleno de sangre, lo cual es figura de la Sangre de Cristo. Ese correr, de la sangre de animales fue agradable a Dios, precisamente por ser imagen del futuro Sacrificio de Cristo. Pero insistimos, al ser imagen del Sacrificio de Cristo su único Hijo, quién lo desagravió a través de la Cruz, todos estos Sacrificios no eran sino sombra del que había de venir el Sacrificio de Cristo.

Sobre todo, los Sacrificios de expiación y del Cordero Pascual, conducían a la preparación del infinito e inigualable Sacrificio de nuestro Redentor, aunque no alcanzaban lo que el Sacrificio del Salvador habría de lograr, porque no teniendo la Ley más que sombra de los bienes futuros y no la realidad misma de las cosas, no puede jamás por medio de las mismas víctimas que no cesan de ofrecerse todos los años a ser justo y perfectos, a los que se acercan al Altar y se sacrifican, y es que en la Nueva Ley alcanzamos, por el Sacrificio de Cristo, el perdón de los pecados, las Gracias y los Dones que además, de darnos a saborear la vida eterna, nos conduce a ella a través de la Gracia Santificante; y aunque los Sacrificios del Testamento, no tenían la fuerza espiritual de la Nueva Ley, sí sabemos, que tales Sacrificios, eran aceptados por Dios y guiaban y fortalecían a los hombres de entonces, sino ¿Cómo entendemos la existencia de un Abraham con una Fe irrepetible, ó de Los Antiguos Sacrificios recibían su eficacia del Sacrificio de Cristo en la Cruz, es decir, aquel Sacrificio de la Cruz que sería posterior y que de alguna manera, Divina y Misteriosa ya fortificada a tales Sacrificios para el bien y Gracia de las almas. Llegado el Sacrificio de Cristo, no hubo más necesidad de sacrificar, pues bastaba con abundancia infinita el Sacrificio de la Cruz, Sacrificio de la Nueva Ley que, además se repetiría en la tierra a través del Santo Sacrificio de la Misa, por siempre en tiempo y espacio hasta el final de los Siglos.


Sor Clotilde

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